Mágicas Ruinas
crónicas del siglo pasado

beatles for ever
Beatles for ever
Después llegarían Madera, Noruega, Yesterday, Todo lo que necesitas es amor y otros temas de otros discos-suceso.
Beatles for ever
McCartney honrado en Liverpool y la Beatlemanía de nuevo en las calles.

Estamos en Liverpool, ex puerto comercial por excelencia del Reino Unido, Son años aciagos para el municipio, siempre exigiéndole al gobierno nacional que solucione el grave problema local: un 30 por ciento de desocupación, huelgas razonables, deterioro urbano, mala sanidad, alza de robos. Pero hoy es 28 de noviembre y toda miseria se olvida. Las radios, los centros comerciales, los bares de Whitechapel y Saint Mathew Walk, los altavoces colocados en los árboles y edificios, todo el valle del rio Mersey, los chicos y más de un cuarentón nostálgico cantan Yellow submarine. O Yesterday. Y especialmente Let it be. ‘Déjalo ser —murmura el alcalde John Hamilton, emocionado—. Creíamos que Los Beatles jamás volverían, pero aquí están: son Liverpool y su gente". Es que ese exacto 28 de noviembre, día elegido para entregar las llaves de la ciudad a Paul McCartney y a Julián Lennon en nombre del inmortal John, ocurrió un clásico milagro navideño: miles de adolescentes histerizados, gentlemen de bombín y paraguas, amas de casa, funcionarios, delegaciones universitarias y extranjeros de todo color y nacionalidad reeditaron la Beatlemanía de los dorados ’60.
Los Bobbies no sabían qué hacer cuando Paul y Julian aparecieron en la puerta de la Biblioteca Central de Liverpool y una nube carnal de periodistas, estudiantes y admiradores ya maduros atascaron la calle William Brown al grito de: “Yeah, yeah, yeah!”. Porque, como si se tratara del dulce pasado, hubo desmayos, empujones y lágrimas. Cordones de seguridad y guardaespaldas quedaron fuera de training en cuestión de segundos, y ni siquiera la temperatura de 2 grados amedrentó al público.
Nadie se movió hasta el fin del acto, cuando Paúl recibió el lauro de hijo dilecto de la ciudad. McCartney es el primer Beatle en recibirlo, y también el primero de los fab four que visita Liverpool oficialmente desde la disolución del conjunto. Hamilton dijo que "durante muchos años creímos que Los Beatles desestimaban este honor. Tuve que correr una maratón de charlas con agentes y representantes artísticos para conseguir a Paul, pero valió la pena’’. Derek Hatton, líder de la mayoría municipal socialista, entregó flores y una bandeja de plata a Paul y su mujer, Linda Eastman, y en ese instante recomenzó una historia pop que entronca con el fenómeno local inventado por los comerciantes y la mismísima municipalidad de Liverpool para subsistir: el Beatle-business.
Mezcla rara de genuina añoranza y grotesca rapacidad, de tabla de salvación y sano atractivo, la comercialización de objetos-Beatles es una de las máximas fuentes de ingreso bajo la crisis actual de Liverpool. En 6 meses, más de 170.000 personas visitaron el museo Beatle City. . . abonando el respectivo ticket to ride. Museo que es propiedad de la Radio City y que cuenta con una ayudita de los amigos de la Oficina Británica de Turismo: 25 funcionarios, entre secretarias, anticuarios, conservacionistas, sociólogos y oficiales administrativos que asesoran al director del Beatle City. Su nombre es Roger White y dice que ‘‘el museo ha invertido 3 millones de dólares en la compra de objetos de Los Beatles”. En la lista figuran el certificado matrimonial de John y Yoko Ono, las viejas chaquetas de corderoy que los cuatro usaron hasta Anochecer de un día agitado, el mini-cooper que manejaba Ringo Starr para viajar entre Londres y Liverpool, la primera motocicleta de un John casi adolescente, la consola en la que se registraron sus últimas canciones para el sello Apple, etcétera. Y a sólo un kilómetro del museo está Saint Mathew Walk, rebautizada Beatle Street, dominada por un moderno shopping center que hace 20 años albergó la mítica Cavern donde tocaban Los Beatles. Hay allí una estatua deslucida del cuarteto, un pub, mucha cerveza, boutiques de marca, peluquerías para damas y caballeros, jardines y un elegante ascensor que lleva a. . . gastar cuanto se pueda en remeras, fotos, afiches, submarinos amarillos en miniatura, estatuillas y demás artículos con la imagen Beatle en primer plano. Junto al bar The Grapes, que Los Beatles empleaban para calmar la sed entre los descansos del Cavern-show, está el irreverente John Lennon Memorial: un mero mercado persa de llaveros, discos recién envejecidos, ropa usada por él y. . .una peluquería unisex. En fin, tal es la característica de cientos de comercios del Liverpool today. En todo caso, los mercachifles no parecen alterar a Paul McCartney, a quien entrevistamos.
—¿No le molesta la utilización indiscriminada de Los Beatles como estímulo de ventas, ya sea que su recuerdo sea el objeto o sólo un medio?
—No. Todos tienen derecho a ganar su pan. A mí, lo único que ahora me conmueve es haber recibido un título que en 100 años se la ha concedido a sólo 41 personas. Además, aprovecho para presentar mi película Give my regards to Broad Street y el longplay con la banda de sonido original.
—Claro: business are business, ¿verdad? Y usted tampoco pierde el tiempo. Quizás por eso, porque no tenían nada que vender, es que George Harrison y Ringo Starr no vinieron a Liverpool con usted. ¿Puede ser, Paul?
—No lo acepto. George y Ringo vendrán a su debido tiempo: es asunto de
ellos. En cuanto a mí, ¿por qué habría de privarme de vender, como dice usted, mis productos? Ya sé: usted me dirá ahora que este homenaje de mi pueblo me vino como anillo al dedo porque mi película no se estrenó con mayor éxito. ¿Y qué? Todos saben que en mi cuenta bancaria hay más de 140 millones de billetitos verdes y que puedo promocionar lo que hago. Mire, la plata produce plata. Pero yo le digo que hace 33 años, aquí mismo, me premiaron por una composición literaria y a mí me temblaron las piernas. Ha vuelto a ocurrirme, y eso no se compra con dinero.
—Hace unos días, Scotland Yard denunció un plan criminal para secuestrar a Linda, su mujer, y pedirle a usted un fuerte rescate. Pero hay quienes opinan que fue un ardid publicitario para el filme y el disco. . .
—Mentira. Realmente existió ese plan. Desde hace 4 años, cuando John fue asesinado en Nueva York, sabemos sin temor que corremos ese albur.
—Julian Lennon acaba de editar su primer longplay, y algunos musicólogos pop juran que es muy bueno. Como su padrino artístico, ¿qué opina usted?
—Primero, eso de que apadrino a Julian es un artificio periodístico. Segundo, Julian es auténticamente talentoso. Creo que John vive en él. Y se lo digo yo, que soy un escéptico. Ese chico va a llegar lejos. . .
—Volviendo al tema central, ¿admite todo el abuso comercial de Los Beatles?
—Casi todo. Ver la réplica de la habitación de John a los 16 años me hizo mal. Pero no voy a arruinar la fiesta del pueblo de Liverpool. Es más: me alegro de que Los Beatles sirvan para alimentar sus hogares y mantener ardiendo la llama de un tiempo mejor.
El diálogo de McCartney y SOMOS se registró en Londres 4 días después del insólito 28 de noviembre Beatle, y el revival de Liverpool continúa. Japoneses, hindues, alemanes y hasta chinos rojos llegan en tours, a la meca del culto al primer cuarteto de rock que triplicó el consumo discográfico mundial y rompió la otrora publicitada brecha generacional en lo que a música popular se refiere.
Raúl García Luna
Liverpool y Londres: José Miguel Zambrano
Somos
7/12/1984


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