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Buenos Aires Sheraton Hotel
El gigante 207 está por nacer
Dotado de comodidades inéditas en el país y proyectado para atraer
a una exigente corriente turística internacional, el nuevo eslabón de
la cadena Sheraton atraviesa su última etapa de construcción. Un
cúmulo de servicios que fortalecerá, sin duda, el panorama de la
Industria hotelera local
En la última semana de abril de 1972 los porteños verán coronada una
vieja ambición: poseer el más importante y lujoso hotel de América
latina. Es que con la habilitación definitiva del Buenos Aires
Sheraton Hotel epilogará un laberíntico complejo financiero - legal
que impedía disponer de un hospedaje de la categoría que el desarrollo
del país requiere. Para concretarlo, sus realizadores debieron
modificar profundamente los tres aspectos básicos sobre los que se
fundamenta la Industria hotelera: la construcción del edificio, las
comodidades brindadas al cliente y el sistema de explotación. Ya había
sorprendido el vertiginoso avance de las obras —iniciadas el 10 de
febrero de 1970— que, en menos de 10 meses, lograron una altura de 90
metros (un piso cada 5 días),
confiriendo un nuevo aspecto a la tradicional zona de Retiro.
Consumado el gigantesco esqueleto de hormigón armado, más de mil
operarlos se dedican diariamente a modelar su Interior, Incentivados
por una imperiosa meta: batir todos los records de rapidez en el
montaje de un hotel. La semana pasada, SIETE DIAS recorrió las
entrañas del monstruo, elaborando un informe sobre sus principales
características.
A pesar de lo que sugieren sus dimensiones, la prodigiosa capacidad
del nuevo hotel es sólo una de sus numerosas virtudes; a ella conviene
sumarle todo un rosario de comodidades, destinadas a quienes lo
convertirán en su base de operaciones porteña: oficinas de líneas
aéreas, peluquerías, servicio de niñera por hora, boutiques, cajas de
seguridad, servicio de secretarias, dependencias especiales para
practicar golf, baños sauna y turcos, guardia permanente de médicos y
masajistas, farmacia, servicio integral de fotografía, alquiler de
automóviles... Todo el confort que puede redituar una inversión de 26
millones de dólares (unos 13 mil millones de pesos viejos),
canalizados hacia los objetivos señalados por un estudio previo del
mercado local: “Hace tres años, realizamos ese sondeo —recuerda José
A. González, 44, tres hijos, cubano, vicepresidente para América
latina de la ITT Sheraton Internacional, propietaria del hotel—. Los
resultados revelaron la necesidad de erigir un hotel de 800
habitaciones. Al respecto, conviene tener en cuenta que Argentina no
había podido cobijar a convenciones o congresos de más de 1.500
personas, no sólo por falta de alojamiento, sino también por
inexistencia de espacios apropiados a esas necesidades”.
Es por eso que el estudio de arquitectura Sánchez Elía, Peralta Ramos
y Agostini, encargado de la elaboración del proyecto, agregó a la
lista de comodidades un gran salón de convenciones equipado con
locales de proyección y sistema de traducción a varios idiomas capaz
de albergar a 1.700 personas. Previendo la realización de reuniones
simultáneas, el salón podrá compartimentarse. Por si esto fuera poco,
y sumando detalles decididamente insólitos al panorama hotelero de la
Capital Federal, el Sheraton contará con una gigantesca pileta de
natación al aire libre (pero con agua templada) y dos canchas de tenis
de medidas profesionales.
LA RADIOGRAFIA DEL GIGANTE
Sólo se puede tener una imagen real del edificio efectuando una
radiografía, piso por piso, de este complejo arquitectónico. Emplazado
sobre un terreno de 26 mil metros cuadrados, correspondiente al sector
denominado Catalinas Norte, se estructura en 24 plantas, las que
ocupan un total de 61.500 metros cuadrados. Previendo la Intensa
actividad que rodeará al hotel los proyectistas destinaron la mayor
parte de la planta baja a convertirse en parques y Jardines; en ellos
se trazarán accesos diferenciados para automóviles y vehículos de
transporte colectivo. En la planta baja se instalará también una
confitería con capacidad para 180 personas, un auditorio para
conciertos y conferencias y una galería comercial de mil metros
cuadrados. En el primer piso, además del salón de convenciones,
funcionará un grill con especialidades internacionales, un cofee-shop,
una whisquería y los servicios de baños, vestuarios, solárium y
recintos individuales, correspondientes a la pileta de natación, a la
que se accederá a través de un puente.
Siete salones destinados a fiestas privadas otorgarán al segundo piso
un clima especial. Las veinte plantas siguientes se subdividen en 800
habitaciones, con 75 suites especiales y dos de lujo.
Es en el tratamiento de las habitaciones donde se centra el interés de
los decoradores. A sus amplias dimensiones se intentara agregar una
suntuosidad hasta ahora no lograda en Argentina Ya se han seleccionado
las tres empresas —dada la magnitud de la contratación que se
encargarán del amoblamiento; éste deberá adecuarse a la tonalidad
amarilla de colchas y cortinados y a los estridentes tonos fucsia de
las alfombras. Los proyectistas han puesto especial cuidado en lograr
que desde todas las habitaciones se pueda contemplar el majestuoso
espectáculo de la ciudad y su zona portuaria. Con respecto al clima
que imperará en los ambientes, la industria local fue considerada apta
para la provisión de los acondicionadores de aire, aparatos de radio,
televisión y tocadiscos que se instalarán en todos los cuartos.
Aunque las tarifas no están aún fijadas, los directivos del Sheraton
anticipan que todas las comodidades podrán ser disfrutadas por los
mismos precios que rigen en plaza para hoteles de esa categoría. Y a
modo de generosa yapa, "ochocientos empleados tratarán de resolver
cualquier inquietud no prevista por los clientes", se enorgullece el
ejecutivo González.
La enumeración de servicios que proporcionara el Buenos Aires Sheraton
Hotel se completa con la boite que marcará el ritmo de su piso 24
rodeada por amplios ventanales, ofrecerá a los habitués una panorámica
ininterrumpida de la ciudad y el rio, cuyos reflejos luminosos
rebotarán en los espejos romboidales destacados en el techo. Y no sólo
eso: "Cuando el día es claro, se puede divisar toda la costa uruguaya
y de noche las luces de Montevideo", se entusiasma Carlos Franco (40,
dos hijos), uno de los instaladores de la carpintería metálica. No
podía escapar a tanta espectacularidad la capacidad del colosal tanque
de agua exclusivamente destinado al consumo de los pasajeros: 400
metros cúbicos; suficiente para llenar una pileta de natación.
LOS DIVIDENDOS FUTUROS
Lógicamente, invertir tantos afanes en la construcción de un hotel
lleva implícita una concepción distinta sobre esta verdadera industria
sin chimeneas: "Yo defino al hotel como un centro de actividad
laboral, cultural y social; y no como un mero servicio de hospeda je",
pregona J.G., quien aprendió su oficio desempeñándose durante siete
años en la cadena Hilton, cuatro en la red Intercontinental Hotels y
otros dos en el área latinoamericana de la Sheraton. Para González, la
construcción de este complejo revolucionará toda la teoría hotelera,
dando lugar a profundos cambios, especialmente dentro del panorama
local: "Ya no se puede trabajar solamente con los huéspedes comunes
—aclara—. Si bien con éstos se logran ciertas utilidades, hay otro
nivel de aprovechamiento en el que las ganancias pasan a ser
considerables: ese mayor cupo ocupacional se logra asegurando la
permanente realización de congresos, convenciones o grupos de
Incentivo. Esta continuidad laboral sólo es posible cuando se dispone
de una cadena hotelera internacional".
Lentamente, el ejecutivo cubano se entusiasma, develando los secretos
de las modernas prácticas comerciales que recalarán en nuestro país a
partir de la apertura del nuevo Sheraton: "Las grandes empresas
norteamericanas premian a sus agentes que superan determinados límites
de venta con viajes a distintos lugares del mundo —Informa—. Son
numerosas las compañías que deben incentivar a más de 3 mil agentes
por año. El premio, por ejemplo, puede consistir en cinco días de
estadía en Buenos Aires. Las citadas empresas suelen contratar un
avión y reservar, durante 50 días, doscientas habitaciones en un hotel
apropiado. El avión va y viene trayendo contingentes de vendedores
premiados. Como el sistema se aplica cada vez con mayor frecuencia,
debemos estar preparados para aprovecharlo", previene.
Para justificar tantos desvelos bastaría señalar que están previstas
ganancias anuales cercanas al 10 por ciento del capital invertido; o
sea. más de mil millones de pesos viejos al año. Tal rendimiento sólo
se logra aceitando todos los resortes de un complicado mecanismo que
comienza a funcionar cuando alguien disca el número telefónico
800-325-3535, de Estados Unidos. Allí se puede llamar desde cualquier
punto del territorio americano, logrando una automática reservación en
el hotel de la cadena Sheraton que se haya elegido. El servicio
también diseña posibles estadías en los denominados circuitos
turísticos con comodidades en las principales ciudades americanas y, a
partir de abril, en Buenos Aires. “Con esto contribuiremos al auge
turístico argentino, consiguiendo que se produzca algo parecido a lo
que ocurrió en España a partir de la construcción del primer hotel
internacional, en 1953", compara González.
La cadena de hoteles Sheraton —cuyo primer eslabón fue una modesta
propiedad estadounidense de 200 habitaciones—, que estuvo a punto de
quebrar en 1937. administra en la actualidad 206 hoteles en 16 países,
albergando, el año pasado, a quince millones de huéspedes.
La importancia de Buenos Aires, dentro de tan compleja red
Internacional, se desprende de las declaraciones formuladas por Claude
Feninger (50), su presidente, quien visitó el país cuando fue
concluida la estructura de hormigón del gigante N° 207, en febrero
último: "Con la inauguración del Buenos Aires Sheraton Hotel, la
ciudad recibirá una promoción turística a nivel mundial y en forma
permanente, con evidente beneficio para la economía del país. Además,
eliminará la llamada temporada bala al brindar las instalaciones más
modernas del mundo para reuniones. Puedo afirmar que Buenos Aires será
una terminal de las cuatro estaciones del año para los viajeros
internacionales". Optimismo que se respalda en el registro de
reservaciones del nuevo hotel: las solicitudes, para los próximos dos
años, sobrepasan ya la mitad de su capacidad, llegando a tener
asegurada la realización de la asamblea internacional del Rotary Club
para 1976, con 10 mil asistentes. "Además —se sorprende González—, nos
solicitaron trabajo más de un centenar de argentinos que, radicados en
otros lugares del mundo, desean retomar a su país y emplearse en el
Sheraton".
Más allá del optimismo que rezuman los planes empresariales de la
Sheraton Internacional y la Standard Electric —asociados para la
concreción del gigantesco albergue— la inmensa estructura de cemento
de 90 metros de altura se ha convertido ya en otro testimonio del
potencial de crecimiento que posee la ciudad.
Siete Días Ilustrados
5/7/1971
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