Mágicas Ruinas
crónicas del siglo pasado
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| RADICALES La marcha hacia el plenario La reunión en sesión plenaria de los 91 delegados al Comité Nacional, en Buenos Aires, en los últimos días de junio, romperá el silencio del radicalismo, que intentará definir allí su posición ante la marcha del proceso político nacional. Al mismo tiempo se espera que de las discusiones, enfrentamientos y debates del cónclave surjan los indicios que permitan averiguar el rumbo de la callada recomposición de fuerzas que se opera, con lentitud persistente, en todo el frente interno de la UCR. Entre tanto, el Comité Nacional guarda un hermético silencio, no sólo sobre la fecha exacta del plenario, sino también sobre los temas que serán discutidos; el lunes 11, su jefe de prensa, Rafael De Stéfano, no tenía mayores novedades: “El plenario se reunirá, probablemente, durante los últimos días de junio. Y no hay orden del día establecido”. Sin entrar directamente a desmentirlas, De Stéfano hacía frente, en rigor, a una nutrida corriente de versiones sobre la posible anticipación de la asamblea. UN PASO PREVIO. Mientras los hombres y las tendencias preparan temarios, sugerencias e ideas de reforma, la atención de los observadores se concentra sobre los efectos que deparará el segundo encuentro entre Ricardo Balbín y Juan Perón, poco después que el líder justicialista retorne por segunda vez a la Argentina. La entrevista — que Panorama anunció con larga anticipación (ver Nº 315)— marcará el estado de la relación que la UCR y el Justicialismo desarrollaron en torno de la mesa de la Hora del Pueblo, y sus resultados —los índices de contenido general que Balbín y Perón suministrarán después de sus conversaciones— serán el remate de la política de confluencia que posibilitó, en gran medida, el proceso electoral. Para Balbín, a estas horas, el gobierno de Héctor Cámpora respeta, en sus lineamientos generales, las coincidencias: la única salvedad estaría constituida por los sucesos del ámbito universitario. Sólo falta saber, entonces, si la UCR decidirá persistir en su papel de reaseguro democrático, y a partir de allí sistematizará su crítica opositora, o si, por el contrario, un nuevo sistema de exigencias radicales intentará poner en apuros al gobierno justicialista. EL PLENARIO. Sin necesidad de volver a insistir sobre la más que probable transformación del horizonte de las tendencias internas en el radicalismo —ya que nadie espera que este proceso termine de conformarse en los pocos días que restan hasta el final de junio—, en la asamblea de delegados al Comité Nacional se manifestarán dos bloques en oposición formal: el compuesto por los delegados partidarios de la actual conducción formal el conformado por los que comparten la gestión opositora de Raúl Alfonsín. A todo esto, el sector cordobés intentaría jugar un papel de equilibrio, ofreciéndose como solución, como zona intermedia de encuentro; algo para lo cual habría trabajado a lo largo de muchos meses Arturo Illia, quizá el más duro enemigo de la posibilidad de una colaboración radical en el gobierno de Cámpora. Una posición que el ex presidente dejó bien sentada ante la mesa directiva y la comisión de acción política del Comité Nacional, durante la tempestuosa reunión del martes 15 de mayo, y que sería vista con agrado por Víctor Martínez, desde la capital cordobesa. En cuanto al alfonsinismo, su poder sería reforzado por el apoyo que algunos sectores, a pesar de sus escasas afinidades ideológicas con el Movimiento de Renovación y Cambio, podrían prestarle; en este sentido, el último fin de semana se murmuró, por ejemplo, que el unionismo bonaerense de Alejandro Armendáriz, y los radicales correntinos de Roberto Billinghurst habían sopesado con seriedad la idea de engrosar la oposición. Como única esperanza, la conducción nacional aclara, sin descanso y sin pausa, que la misión principal del plenario será delimitar la posición del partido ante la acción de gobierno del justicialismo. Explica, además, que si el plenario contribuye a perfeccionar los límites de las tendencias del frente interno, esto se haría a través de las discusiones en búsqueda de una decisión de contenido general sobre la política argentina. En síntesis: la conducción nacional insiste en negar que el plenario se haya convocado para solucionar diferendos internos, o reorganizar por completo a la UCR. La realidad es que, mientras los sectores desvinculados de la cúspide partidaria esperan con ansiedad el momento de marcar con el sello propio las decisiones, con la esperanza de que los ecos de sus actitudes en el plenario obtengan el aval de 566.000 afiliados, los seguidores de Ricardo Balbín sienten que llega el momento de defender una política a la que no han faltado críticas, y tratan de resguardar la herencia política del caudillo de La Plata: todo esto, a sabiendas de que la entrevista con Perón animará las opiniones internas; y de que si el desacuerdo marca el ritmo general de este plenario, tocará a la Convención Nacional decir la última palabra. ♦ -pie de foto- ARTURO ILLIA, RICARDO BALBIN Y RAUL ALFONSIN El plenario marcará un nuevo equilibrio de fuerzas dentro del radicalismo PANORAMA, JUNIO 14, 1973 |
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