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"SOBRE BUENOS AIRES, AL FILO DE LA MEDIA NOCHE, ENTRE EL 6 Y EL 7
DE SEPTIEMBRE..."
VIAJE AL PAIS DE LOS PLATOS VOLADORES
REPORTAJE DETRAS DE LA CORTINA DE MISTERIO DE LO ULTRATERRENO
Por Juan González Olmedilla*
Estos son los documentos gráficos que, según los fotógrafos
brasileños, testimonian la presencia de platos voladores sobre cielo
carioca. A la izquierda, dos instantáneas del "plato", y a la derecha
la "Isla de los enamorados". En círculo, y sobre la playa, la
misteriosa aparición.
¿EL SILENCIO DEL MIEDO?
Si exceptuamos las regiones polares, casi no queda zona del mundo que
no haya visto entre curiosa y alarmada, el paso de los platos
voladores. Cada vez son menos los que niegan su existencia, más los
que la admiten como algo extraterrenal, independiente de la
fenomenología de nuestro planeta y ajeno a la obra del hombre.
Y si bien nadie estableció todavía la explicación inamovible de tales
incursiones en la atmósfera jurisdiccional de la Tierra, todos vamos
teniendo una idea común de lo que puedan ser, a través de
coincidencias y reajustes en el testimonio de cuantos las vieron.
Incluso, diríamos que empieza a configurarse una conciencia
astronáutica expectante sobre máquinas y equipos ultraterrenos, basada
más en el saber popular que en la escasa información infiltrada desde
los centros científicos responsables, que guardan al respecto la
reserva tradicional, la cautela de la ciencia frente a todo hecho
nuevo. Reserva acentuada esta vez por la consabida razón de Estado, en
una época a la defensiva, de temores mutuos, de armas secretas y de
recontraservicios de inteligencia —no de servicios a la inteligencia—:
se ve que los sabios, otrora propulsores de la luz —¡a costa de cuánto
prometeico sacrificio a veces!—, no sienten hoy gran prisa en iluminar
el hambre de saber humana con la divulgación de sus supuestas
conquistas científicas. Que si existen las ocultan, por servidumbre al
estipendio o por egoísmo antisocial, con el mismo celo valetudinario
que si se tratase de conquistas de beldades del "Folies Bergère", para
no picar en curiosidad a la juventud y que les birlen la dama. Por eso
se sabe tan poco, de fuente autorizada, sobre los platos voladores,
aunque todo el mundo sepa que están ahí, entre amenazadores y
burlescos, a la puerta de casa.
TRES EN EL SECRETO
Pero lo que el mundo ignora o silencia para no admitirlo ni negarlo,
es que hace dos años descubrieron y revelaron el secreto de los platos
voladores dos ingenieros argentinos, todavía jóvenes, en conexión
elísea con otro ingeniero del país —ya sólo supérstite en espíritu—,
que los guió, como Virgilio a Dante, en un prodigioso viaje a
Plativolandia, la remotísima región sideral de los platillos volantes
que nos visitan desde 1947 con tan significativa frecuencia. De los
tres exploradores, el que actuó de guía —por la suma de conocimientos
que llevó de esta vida y los adquiridos en su tránsito al otro lado de
la cortina de enigmas del misterio— conservará en nuestro reportaje el
incógnito que preserva su memoria de mundanales hablillas; y le
llamaremos "El Ingeniero", como lo nombran los otros dos que, por
cierto, tampoco son culturalmente viajeros sin equipaje.
Porque se trata, en efecto, de dos estudiosos de raza, de la estirpe
de los heteróclitos: Jorge A. Duclout y Napy Duclout, hijos y
discípulos de un sabio verdadero, que fuera profesor universitario de
ciencias físicas y matemáticas en Buenos Aires, y tratadista didáctico
de nota en media América, luego de haber compartido en Europa tareas
de alta investigación con Albert Einstein, su viejo y glorioso
compañero de inquietudes especulativas. Autores de obras de las más
variadas disciplinas —técnicas, docentes, aviatorias, literarias—, los
hermanos Duclout han descollado, entre otras artes, en cinematografía,
el primero, como luminotécnico; el segundo —Don Nappy en los sets
porteños—, como autor y director de películas. El gran público
desconoce de ellos, sin embargo, su "violín de Ingres", su "hobby" de
buceadores del más allá, que frecuentan discretamente, desde 1932, en
sesiones metafísicas de restringida intimidad conveniente. Hasta que,
al cabo de veinte años, su asombro ante los nuevos secretos estelares
captados por "El ingeniero" transformó su prudencia en generosidad
informativa. Y decidieron compartirlos con una humanidad perpleja de
encrucijadas, pero más intrigada que medrosa —¿a qué podrá temerle hoy
el hombre, peor que al hombre mismo?— frente al problema de ese
misterio importado desde el otro lado de la troposfera.
LA "MEMORIA ELECTRONICA" Y EL MAS ALLA
Tales revelaciones fueron hechas en una serie de experimentos de
comunicación psíquica —o "spirotrónica"— durante siete reuniones
nocturnas transcurridas del 9 de julio al 6 de septiembre de 1952 en
la Capital Federal de la República Argentina. Grabadas sobre alambre
fonomagnético a medida que presentes y ausentes invocados se producían
en forma oral, quedaron registradas, a manera de actas, por un aparato
de los llamados "memoria electrónica".
Los experimentadores, gente seria y analítica, adoptaron este
procedimiento para precaverse de cualquier "sugestión colectiva", como
suele ocurrir en la penumbra de las sesiones, sobre todo si entre los
convencidos se cuela de polizón algún escéptico, proclive a servirles
mensajes del más allá "dirigidos". Eliminada la posibilidad de
interferencias terrenales, tomadas las máximas garantías de
objetividad y exactitud en la recepción humana de lo que tuvieran a
bien transmitir las ondas extrahumanas, se fué produciendo el
extraordinario informe, cuyo registro llevó en total nueve bobinas de
alambre, de una hora aproximada de duración cada una. El conjunto de
sus textos se publicó a fines del mismo año, en un folleto de nutrida
y amena lectura, titulado: "Origen, Estructura y Destino de los Platos
Voladores", e impreso —naturalmente— en papel de avión.
Los comentarios y esquemas aclaratorios de sus editores, Jorge y Nappy
Duclout, no rebasan el carácter propio de la divulgación cultural,
para intentar un estudio de investigación científica; tampoco éstos
especulan sobre sus múltiples conocimientos para fundamentar una
hipótesis y lanzar una réplica muy "Año 2.000", de la "Utopía" de
Tomás Moro. Los hermanos Duclout han limitado deliberadamente su labor
—y éste pudiera ser el gran valor de la misma— al aspecto documental,
al ofrecernos sin enmiendas ni arrequives literarios la transcripción,
notorial casi, de una serie apasionante de preguntas y respuestas,
cambiadas entre hombres y espíritus a través de un terrícola en trance
de mediumnidad, y grabadas electrónicamente para constancia fiel de lo
conversado sobre platos voladores en aquella conferencia, acaso única,
celebrada entre uno y otro mundo.
CITA EN BUENOS AIRES
Empero, todos los recaudos mencionados sobre la autenticidad del
estelar mensaje recibido aquí por la onda extravagante de un espíritu
ya sin necesidad de carnal envoltura, poco o nada servirían para
asignar demasiado crédito a la información de "El Ingeniero", de no
acompañarla un comienzo de demostración.
Más, en la séptima y última de aquellas sesiones psíquicas, los
experimentadores argentinos captaron nada menos que la promesa,
concreta y explícita, del comandante de un plato volador procedente
del asteroide Ganímedes —el mayor de los satélites de Júpiter— de
pasar sobre Buenos Aires "dentro de dos años, a la misma hora de hoy".
La inusitada cita estaba dada desde ese instante, que era entre las
22.35 del mencionado 6 de septiembre de 1952 y la 0 hora 5 minutos del
día siguiente, en que terminó la grabación. Y no quedó formulada en
secreto, para unos cuantos, sino que los Duclout se arriesgaron a
difundirla, a manera de tarjeta de invitación, en los millares de
ejemplares de su libro, terminado de imprimir tres meses después.
Así se anunció desde la Argentina, por primera vez en el mundo, y con
dos años de antelación, el paso de platos voladores sobre un lugar
determinado de la Tierra, con precisiones de día, hora y sitio, como
antes sólo se estilaba en Astronomía, y no para meteoros fugaces e
indocumentados, sino para astros y cometas más o menos conocidos.
Si el dato se comprobaba, la comunicación interplanetaria por vía
psíquica entraría a formar parte de las ciencias exactas, físicas y
naturales, y la Spirotrónica se colocaría por propia gravitación en
las avanzadas de la investigación moderna. No había, pues, sino
esperar ese plazo, para saber si "El Ingeniero" se había o no
equivocado, según faltase a la cita "El Comandante del Plato Volador"
o acudiese a ella con la puntualidad de un buen astronauta. Como
ocurrió —salvo la puntualidad cronométrica— al presentarse sobre
Buenos Aires al filo de la medianoche, entre el 6 y el 7 de septiembre
último. Del testimonio coincidente de cuantos presenciaron el
anunciado fenómeno dieron cuenta diarios y agencias, aunque sin
subrayar lo suficiente el aspecto principal del caso: su condición de
cita cumplida. En general, la estelar visita, casi tan accidentada
como la de Ava Gardner por aquellos días, no tuvo mejor prensa que la
de esta estrella del cine. Y todo, porque el plato llegó un poco tarde
para las fotografías y no pudo posar para la posteridad periodística,
como lo hiciera un colega suyo —o acaso el mismo—, retratado en
distintas actitudes por dos brasileños en un vuelo anterior sobre
Sudamérica. Pero ésa es otra historia, a la que, por conocida, sólo
vamos a referirnos en su relación con la presente.
¿ESPIAN LOS AMORES TERRENALES?...
En efecto, los primeros fotógrafos de un plato volador en América del
Sur habían sido —el 7 de mayo de 1952— los periodistas de Río de
Janeiro, João Martins y Ed. Keffel. En vísperas de la cita de
septiembre de 1954, viajaron expresamente a Buenos Aires, provistos de
las mejores cámaras, por si aquí se les repetía, de noche, la misma
gran suerte que, en pleno día, habían tenido en su país, al fijar en
cinco instantáneas las evoluciones de un disco volante sobre la Barra
de Tijuca y la Roca Gavea, en las afueras de la capital carioca.
Sabido es el suceso que alcanzaron con aquella primicia informativa,
compartida por el diario "A Noite" y "O Cruzeiro", en varias ediciones
extras que se agotaron por millones de ejemplares. Las cinco fotos, de
gran nitidez y riqueza de detalle, dieron la vuelta al mundo como
cinco afortunadas Dionne del reporterismo gráfico. Sus negativos los
adquirió el Departamento de Defensa Norteamericano, por buenos oficios
del coronel Jack Werley Hughes, que en la puja les ganó de mano a sus
colegas de las otras grandes potencias, acreditados como él en Río...
Lo curioso es que el tal revuelo diplomático se había originado en un
caso de espionaje; pero no bélico, sino amatorio.
Forman los alrededores de Tijuca bosquecillos discretos, pequeñas
playas escondidas entre peñas, islotes "de un solo ambiente", a
cubierto de terceros por su umbrosa decoración vegetal. Los cariocas
llaman al conjunto de estos parajes la "Isla de los Enamorados". Y es
en verdad una venezuela selvática —cada islote, una góndola propicia;
cada gruta marina un "palazzo" batido por el agua— que ofrece grata
variedad de refugios a la eterna pareja paradisíaca amante de la
soledad. Una soledad bastante frecuentada, apenas hace buen tiempo,
por miles de parejas desalojadas de sus respectivos paraísos perdidos
o fugitivas de sus infiernos respectivos.
—Nosotros fuimos allí —nos han confesado Martins y Keffel—, un poco
como espías, a preparar un reportaje risueño, más bien indiscreto, que
titulábamos: "Cómo se practica el amor en la Isla de los Enamorados".
Trabajamos con ahínco y con riesgo, casi como paracaidistas en suelo
enemigo. A las 4 de la tarde solamente nos quedaba en nuestra rolyflex
para cinco fotos más, que íbamos a tomar con el lente telescópico
desde una altura de la Roca Gavea, para ilustrar el capítulo "Amor a
vista de pájaro", como final de reportaje. Pero se nos vino encima la
oportunidad del gran golazo y la aprovechamos, gracias a la suerte de
encontrarnos preparados.
—¿Y no creen que aquel día se tomasen también desde el plato volador
fotos de las actividades secretas de Barra de Tijuca, para
escandalizar un poco las altas esferas interestelares?...
—Lo hemos pensado así, luego de las revelaciones del ingeniero Duclout
sobre la vida en Ganímedes. Porque, si desde allí nos envían
observadores, no deben de ser espías con fines de guerra
interplanetaria; sino reporteros, dispuestos a divertirse por las
buenas, como nosotros.
PREMISA CUMPLIDA
Aquí también los periodistas brasileños hicieron su reportaje de
platos voladores, pero sin platos voladores, sin poder fotografiar al
plato vedette que esperaban, sin repetir, prevenidos, su gol de Brasil
al tener que actuar de improviso...
Después de una guardia de tres horas en la terraza del Kavanagh,
Martins y Keffel ya acababan de enfundar sus equipos, como los demás
compañeros fotógrafos, desilusionados frente a un cielo en sombra
"donde no pasaba nada".
Y justo entonces surgió por el este, muy alto sobre el horizonte,
entre Martín García y Colonia, el cuerpo luminoso que todos creían
haber aguardado en vano. Perdió altura sobre Puerto Nuevo y, en
violento viraje sobre Parque Retiro, siguió en dirección sur, como
hasta Quilmes, para remontar vuelo y desaparecer hacia el este, sobre
el estuario del Plata. Cuatro segundos en total, sin dar tiempo a
nadie de reabrir su cámara para documentar gráficamente que "El
Comandante" no había faltado a su cita, pese al leve retraso de su
nave en relación con la hora argentina.
Pero su premisa probatoria, su "vuelvo, luego existo", se había
cumplido. Y esto es lo que importa, porque permite admitir también
como posiblemente válidas las demás informaciones de "El Ingeniero"
sobre el País de los Platos Voladores y sus habitantes; al menos,
mientras no aterrice uno de ellos para rectificarlas, u obtengamos por
la vía de los hechos comprobados, información más directa y completa
de los enigmas que inquietan al hombre entre la Tierra y el Cielo.
II
VIAJE EN 7 ETAPAS
No se diga que es dolicocéfalo el prólogo de este reportaje. Cualquier
viaje tiene preparativos más largos que el viaje mismo. Hasta en los
de avión, que se tarda casi igual de casa al aeródromo que en alcanzar
la primera escala del vuelo. Años de preparación llevan los viajes
interplanetarios en proyecto, y ninguno ha comenzado todavía.
Además... En esta excursión, de turismo más que de estudios, a
Plativolandia, hay aspectos tan... inusitados, que se necesitaba,
antes de despegar, crearle el "climax" conveniente para que el lector
demasiado categórico no crea que viaja a Loquilandia. Por eso
insistimos aún en dos cosas: el carácter noblemente serio atribuído a
las revelaciones del "Ingeniero" por los señores Duclout, de tan
notoria competencia en la materia; y nuestro propósito estrictamente
limitado a resumir esa abundante información ultraterrenal, sin
analizarla, ni menos juzgarla en un simple reportaje.
Ahora, señores, despeguemos. El guía deja en sus manos un somero
itinerario de las siete etapas del viaje: una por cada sesión psíquica
registrada con su consabida fidelidad por la "memoria electrónica".
DINAMICA DE LOS PLATOS
Las máquinas proceden de Ganímedes, el mayor de los cuatro planetas
secundarios satélites de Júpiter. (Este origen no sería exclusivo,
pudiera haber platos voladores de otras matrículas astrales). Fuera de
la fuerza de gravedad de la Tierra, navegan a 108.000 kilómetros por
hora. Van equipados con un dispositivo regulador que les permite
anular o canalizar las distintas atracciones planetarias, frenar al
acercarse y acelerar al emprender regreso, sumando a su propia
velocidad la que toman de la
Tierra, al salir tangencialmente de su órbita como la piedra despedida
por la honda. Para su impulsión motriz en los espacios siderales,
utilizan las fuerzas de la materia liberada, que acumulan y rigen a
voluntad, una vez transformadas en energía de una potencia tremenda,
muy superior ésta a la que constituye la última palabra de la ciencia
terrestre, tan atrasada respecto a la ganimediana.
HOMBRECITOS CONOCIDOS
Los pilotos de estas máquinas interestelares son seres muy distintos
de los humanos, aunque mamíferos vertebrados como éstos, y
antropomorfos, en escala más reducida que el hombre. Son mucho más
pequeños que los terrícolas, pero con una carga mucho mayor de
espíritu en un organismo de dinámica muy veloz, con capacidad de
reacción mecánica superior a las más rápidas, como la de la mosca, por
ejemplo; sino que más fuertes que el ser humano, para poder accionar
mecanismos que necesitan ciertas presiones en su manejo.
Estos seres tan pequeños —ya conocidos por Jonathan Swift en 1725, por
revelación psíquica, que disimuló en forma de cuento fantástico para
no ir a la hoguera ("Viaje de Gulliver a Liliput")—, poseen una
perceptibilidad muy aguda, capaz de captar cuanto pasa en la Tierra,
hasta en el pensamiento, sin necesidad de posarse en ella, ni de
hablar con sus habitantes. Por eso cuando se nos aproximan
periódicamente para estudiarnos de cerca, nos observan en silencio,
nos comprenden, pero no aterrizan.
VENTAJAS DEL INFRARROJO
Ganímedes se envuelve en muy buena atmósfera, de unos 100 kilómetros
de espesor y densidad aproximada a la nuestra, mayor que la de Marte y
la Luna, a los que también aventaja en fuerza de gravedad. Tiene cinco
veces el volumen de la Luna y su diámetro es casi la mitad del de
nuestro planeta. La superficie total de Ganímedes es igual a la del
conjunto de los continentes terrestres. Su fuerza de gravedad es el
25% de la de la Tierra. Su día completo equivale a nuestra semana; su
noche —un día nuestro— no es fría, porque Júpiter, al ocultarle la luz
del sol, que siempre les llega muy débil a los ganimedianos, sigue
suministrándoles calor con sus irradiaciones en el infrarrojo.
Este sistema calórico y lumínico determina la biología general de los
ganimedianos y les da no pocas ventajas sobre los seres de vida
esencialmente solar: desde construir sus edificaciones y objetos de
uso con substancias más o menos penetrables al infrarrojo, según la
aplicación que hayan de darles, hasta la producción vegetal, que el
infrarrojo incrementa en gran escala, e influye en su variedad,
calidad y aprovechamiento para las múltiples manufacturas con materias
vegetales.
No ven en el blanco, como nosotros, sino en el infrarrojo y en el
rojo. Y el mundo visible es mucho más transparente para ellos que para
los terrícolas, cuya civilización dejaron muy atrás, debido también a
su jornada de luz, mucho más larga, en relación a su noche, que las
nuestras. Disponen de más tiempo, son más rápidos en el trabajo y por
consiguiente no viven esclavos de la prisa, lo que les permite
reflexionar más y mejorar su capacidad intelectual en una progresión
infinitamente superior a la nuestra.
ALIMENTOS BACTERIANOS POR TUBERIAS
También es muy avanzada su alimentación, a base de bacterias, que
cultivan en grandes viveros de una organización técnica perfeccionada
sin cesar, para producir en condiciones de sanidad muy controladas las
variedades más nutritivas y sabrosas. Y... (aquí, el gran asombro del
turista lector, que este guía comparte) el abastecer a toda la
población de Ganímedes, densísima, allí no cuesta nada. Ni siquiera
gastos de transporte, porque estos alimentos racionalizados —no
racionados— se distribuyen automáticamente por tuberías —como aquí el
agua— y van directamente a los comedores a través de la instalación de
cañerías en cada casa.
Han eliminado cuanto molesta la fácil existencia cotidiana. Las plagas
de insectos, propias de todo planeta con vida mixta, animal y vegetal,
han desaparecido en Ganímedes. De modo que al no tener que luchar
contra nada, perfeccionada su alimentación y su higiene, la
coordinación social de sus actividades y la distribución de su tiempo
colectivo e individual (para que nadie sea esclavo ni parásito de
nadie) la vida se desenvuelve allí en forma cómoda y tranquila, muy
dedicada a las cosas del espíritu.
UN MUNDO VERTICAL
Esa vida, en el orden urbano, es más vertical que horizontal. Y es así
por razones térmicas y de transporte. Como la gravedad en Ganímedes es
la cuarta parte que la de la Tierra, conviene más viajar en
profundidad que en superficie. Además, el suelo es muy poroso y sus
capas de densidad y temperatura parejas, lo que lo hace fácil de
perforar para la construcción hacia abajo, y más habitable mientras
más se desciende en busca de las zonas templadas.
Este es otro de los motivos —la vida confortable y adecuada que llevan
allá— por el que los ganimedianos no tienen interés en trasladarse en
masa a la Tierra. Se nos acercan, observan, comparan y se salen
rápidos por la tangente, casi huyendo de un medio que para ellos
resultaría inhabitable. Es entonces cuando aprovechan la fuerza de
escape de nuestra órbita para retomar velocidad, que a poco los platos
voladores aceleran por repulsión, al contacto con las cargas
eléctricas de la estratosfera. Envueltos en su túnica luminosa —que
cambia de color según la ionización que los rodea— emprenden su vuelta
hacia un mundo mejor, que no es el nuestro.
DIFICULTADES CON LA CENSURA
Hay una evidente falta de orden en estas informaciones. Pero no podía
ser de otro modo. "El Ingeniero" tuvo que transmitirlas así a sus
oyentes terrenales, en el instante mismo que las iba obteniendo él...,
si no ocurría algo en algún lugar del Misterio que no se las dejaba
pasar. En parte las obtuvo por percepción directa de lo que observaba
en el interior de algún plato volador: entonces contaba lo que "veía",
sencillamente. Otros datos son referencias a conocimientos de los
propios ganimedianos, que alcanzaba a captar al instalarse en el
espíritu de alguno de ellos, o que les "oía" al tomar contacto con
tripulantes y pasajeros de las astronaves. Por eso necesitó varias
sesiones para ir informando de muchas cosas, que no podía descubrir de
una sola vez, ni transmitirías siempre con facilidad a los humanos.
En la tercera reunión psíquica, advierte a éstos —a través del medium
que actúa de receptor— que ha habido interferencias de la "Información
Universal" —algo así como un amago de censura en los controles del Más
Allá— por haber pasado en sus comunicaciones anteriores algunas cosas
que se considera un error darlas a conocer en mundos intelectualmente
poco desarrollados. A seguido aconseja a los experimentadores del Más
Acá poner a buen recaudo las bobinas ya grabadas, y guardar por
separado los papeles donde estén transcriptas, porque hay peligro de
que se destruyan las constancias de las secretos revelados por él.
"Hay interés —dice— en que desaparezcan esas cosas".
NO HABRA INVASION NI GUERRA
No obstante, venciendo todas las dificultades que le oponen para
hablar — "un espíritu más grande, más universal, más poderoso, o puede
que la asociación de muchos espíritus también" —, esa noche logra
pasar ciertas informaciones secretas sobre los ganimedianos (todas lo
son para nosotros), que en la Tierra ni se conciben. Por ejemplo: que
han conseguido controlar a distancia la integración y desintegración
de la materia. Con sus métodos e instrumentos de aplicación (en otra
sesión los llamará "descohesores") pueden "reducirlo todo a polvo".
—Claro que —nos tranquiliza "El Ingeniero"— los ganimedianos no usarán
ese poder destructor contra la vida; ellos no utilizan los progresos
de su ciencia más que con fines pacíficos, antiguerreros; no conciben
el matar como solución de nada. (Excepto cuando emprendieron su gran
guerra de exterminio contra los insectos. Su pacifismo proviene, pues,
de que han logrado eliminar a sus enemigos.)
En cuanto al inconsulto temor de una invasión de la Tierra por
ganimedianos discotransportados, tampoco se producirá; por lo menos,
en el sentido de conquista y dominio que damos aquí a la palabra
invasión. Pero sí podrían ocuparnos, si quisieran, por impregnación,
por radiación mental de sus espíritus. La suya es, pues, una invasión
mental, espiritual y (hasta ahora) no masiva, sino esporádica,
individual y adventicia; más bien como un contacto con los espíritus
que impregnan la atmósfera terrestre y emiten las mismas radiaciones
que ellos, los ganimedianos.
ORIGEN DE LOS PLATOS
Estos seres hace miles de años que alcanzaron una perfección
científica semejante a la nuestra actual respecto a viajes
interplanetarios. Primero enviaron cohetes enormes a Júpiter. Luego,
más avanzados sus medios, a otros planetas, y preferentemente a Marte
y la Tierra. Después lanzaron verdaderas astronaves, accionadas a base
de energía química y tripuladas por seres que no volvieron, como
pilotos-suicidas, porque se destruían en el espacio. (Ese período
experimental de ellos corresponde a la época terrestre en que aquí
tomábamos sus fracasos por cometas, meteoros, aerolitos y otros
fenómenos siderales. Y no eran sino gigantescos accidentes del
tránsito interestelar, incendios, choques, desintegraciones
catastróficas, restos en ignición de supernaves que, conducidas por
Icaros desconocidos del hombre, estallaron sublimadas al intentar
clavar es el mismo Sol la flecha del ansia de conocerse y comunicarse
que impulsa a todos los seres del Universo.
SE FABRICAN EN SERIE
Hubo que cambiar de métodos en Ganímedes, disminuir los riesgos,
asegurar el logro de los objetivos propuestos, sin el factor negativo
de la destrucción y de la muerte. Un día, dominadas la fuerza de
gravedad de los planetas, dueños de las energías latentes en la
molécula, el átomo, el electrón, comenzaron a construir estos aparatos
modernos, que aquí llamamos "flying saucers", "soucoupes volantes" o
"platos voladores". Hoy —agrega la información psíquica— se fabrican
en serie y cubren diversas rutas del infinito. Hay un tipo standard
(sin duda, el más fotografiado, con su aspecto de doble tapa de olla o
marmita a presión); pero existe cierta variedad de modelos que van
siendo también frecuentes en la línea Ganímedes-Tierra; algunos llevan
platillos salvavidas de emergencia y tienen una altura hasta de cuatro
pisos o puentes para el comando, observadores, técnicos y pasaje; en
su mayoría turístico o en viaje de ampliación de estudios. (Y ya
aparecen ante nosotros —provincianos del cielo, todavía sin medios de
comunicaciones propios para retribuirles la visita— unos aparatos
oblongos con fuego en la punta, como colosales cigarros encendidos.
Pronto empezaremos a llamarlos "Churchill"... o "Toscanini", según los
miremos con ojos anglosajones o latinos, y según las preferencias de
fumadores de cada uno. El guía sigue fumando en pipa, hasta que no
bajen los habanos.)
Los platos estudiados de visu por "El Ingeniero" son máquinas
sumamente livianas construídas en materiales obtenidos por aleaciones
—a base de litio, magnesio, aluminio y sodio—, tan resistentes como el
acero y el hierro, pero con un peso poco mayor que el del agua. En su
circunferencia máxima —porque no son esféricos— tienen un borde
retráctil, que va arrollado en los espacios fuera de órbitas, y se
despliega al entrar en la atmósfera para oponer una resistencia al
aire y frenar sus velocidades a voluntad. El lado convexo del plato;
digamos, su dorso, es un gran emisor —su cúpula, en forma de perinola,
sería la antena— de doble acción, para comunicar en vuelo con
Ganímedes. La cara cóncava es en su exterior una substancia rojiza,
transparente para ellos, que les permite disponer de un gran campo
visual de observación, sin que puedan ser vistos desde afuera...
PEQUEÑITOS Y PELIGROSOS
Los tripulantes son físicamente débiles para poder sobrevivir en
nuestro planeta. Si aterrizasen, no podrían defenderse del clima, ni
soportar la presión atmosférica. (Ni, desde luego, el alúd de los
cazadores de autógrafos). Pero en el aire son invencibles. E
inalcanzables. Aunque se les echase encima un avión, no podría
obligárseles a tomar tierra. Los ganimedianos, tan pequeñitos, tienen
reflejos orgánicos muy veloces y manejan con increíble rapidez los
controles de mando, potentísimos y de gran precisión. Y serían ellos
quienes se llevasen por delante el avión, como botín del plato volador
atacado.
Por lo demás, no pueden demorarse en sus viajes, planificados con
itinerarios muy severos; porque deben conjugar su propia trayectoria
con la posición que van ocupando los astros en el girar inmutable de
sus respectivas órbitas. (Una falta de sincronización les sería fatal.
Perder el último planeta para volver a casa, ¡ahí es nada! ¡Como el
que pierde el último ómnibus suburbano! No llega más a destino). En
sus líneas regulares, figuran hasta ahora: la nuestra, en que
invierten poco más de un año al venir y poco menos del año en el
regreso, por la diferencia de la fuerza de escape utilizada como
impulso inicial, que en Ganímedes es la mitad que en la Tierra; las
otras líneas de ida y vuelta van a Marte y Saturno y, por ley natural,
a Júpiter, padre de Ganímedes, y a sus hermanos menores, los satélites
Calisto, Io y Europa. (Por cierto que los nombres se los hemos puesto
acá, sin consultar a la familia. Habrá que saber qué piensan de que se
les llame así, ellos, tan correctos, los ganimedianos).
Al partir de su base —concluye esta parte del relato— se proveen para
tres años de vuelo sin escalas. Tampoco se reabastecen en el espacio
más que de fuerzas motrices, de impulsión estelar y repulsión
electromagnética. A bordo, lo recuperan todo: los detritus, la
humedad, todo. (Fieles al gran principio cósmico, en Ganímedes "nada
se crea ni nada se destruye, todo se transforma").
LAS CIUDADES-RUEDAS
Ganímedes tiene una presión atmosférica de unos 300 mm., con humedad
media suficiente para mantener una vegetación normal de superficie.
Esas condiciones biológicas de ambiente casi se duplican en el
interior. Este es poroso y con enormes cavidades producidas por
infiltraciones de aguas y sales. Esas oquedades han sido reforzadas
por la ingeniería, antes de construir en profundidad las grandes
ciudades. En su mayoría se componen de calles, galerías, rampas,
ascensores-trenes y túneles, no a un mismo nivel, sino verticales,
horizontales oblicuos, que forman a manera de los rayos de una rueda;
el eje corresponde a la zona céntrica de la población.
Una de las capas subterráneas se dedica a la agricultura, cuyos
productos, como los de la industria en general, se transportan por
planos inclinados, a grandes velocidades con el mínimo de energías,
hasta las capas habitadas, cuyas ciudades están a unos 30 kilómetros
de profundidad. Todavía unos miles de metros más abajo están las
enormes usinas eléctricas; hay un gran consumo de luz y fuerza, urbano
y privado, gratuito para todos, porque allí los bienes de la ciencia y
el arte, de la industria y el trabajo, son obra de todos y a todos
pertenecen por igual. No obstante, cada cual se gana su vida y actúa
—un tiempo mínimo al día— en la actividad útil para la que le dotó la
naturaleza o se le capacitó profesionalmente. En la base de cada urbe
hay campos de deportes y lagos artificiales, jardines, todo lo que
puede darse en la superficie, la que también es habitada por quienes
lo prefieren.
CRECED Y MULTIPLICAOS
Si bien la primera parte del mandato bíblico no se cumple nunca más
allá de los setenta y tantos centímetros de talla, en la parte
procreativa los ganimedianos trabajan como hormigas. La densidad de
población en Ganímedes alcanza a los 2.000.000.000.000 (dos billones)
de habitantes, Caben, gracias a que crecen tan poco y a que han
perforado su mundo en todas direcciones en procura de ubicación, como
las abejas en la colmena.
No todos tienen el privilegio de la parvedad física, condición
correspondiente a los cerebros más poderosos, de inteligencia más
activa y penetrante. Por eso, después de los pilotos interplanetarios
vienen en estatura —alrededor de los 30 centímetros, signo de
aristocracia mental— los sabios, superuniversitarios y artistas, sobre
todo de música, que es la gran pasión nacional en la patria de los
platos voladores... La mayoría de los habitantes no rebasa los 40
centímetros, ni aun en los de actividades más simples, lo que indica
el alto grado de cultura media de un pueblo al que le falta un metro
de talla con relación al hombre. Hay, sin embargo —como aquí grandotes
retardados—, trabajadores, industriales, profesionales, etc., que
pasan de los 50 hasta los 70 centímetros... Pero igual viven felices,
con las mismas libertades y derechos, incluso el de viajar por todo su
planeta sin pasaporte, porque Ganímedes es una sola nación, sin razas,
fronteras, ni extranjeros, y por tanto, sin necesidad de aduanas.
Este país, tan inteligente que, antes que armas secretas, ha inventado
el medio de pulverizar las armas secretas, vive por parejas, unidas en
matrimonio, que se reproducen hasta tres o cuatro veces. Pierden pocos
hijos y tardan sus buenos 200 años en dejar a éstos huérfanos, o en
quedarse viudo el cónyuge o la cónyuge: es que no hay guerras ni
crímenes, y los accidentes y enfermedades mortales son muy raros. A
ese promedio de los dos siglos de vida contribuyen también la
eugenesia, el carácter mansueño y la cultura sanitaria de los
ganimedianos y su perfecta eliminación de las toxinas.
EL VOTO, EL "ROUGE": TODO...
Aparte la estatura, estos mamíferos longevos son muy semejantes a los
humanos; apenas se diferencian de éstos en el andar. Sus pies tienen
vagos vestigios de dedos; caminan como palmípedos. Por lo demás,
visten y calzan como nosotros y practican el sufragio universal (¡no
se libra nadie!), por el que eligen un intendente municipal para cada
100.000 ganimedianos; agrupados por zonas, 100 intendentes son a su
vez electores de un presidente de región.
Poseen libros, teatros, juegos, diversiones; y cine y televisión,
ambos sonoros, bicolores y en relieve, pero no tridimensionales. (Ya
se sabe que están muy adelantados a nuestro progreso, muchos de cuyos
aspectos probaron ya y los reprobaron por innecesarios o por dañinos).
Su signo geométrico, en arquitectura y artes decorativas y aplicadas,
es el óvalo. Las ganimedianas, de pecho alto, manitas cortas y lindos
ojos pensativos de lemures, usan melena y se maquillan muy bien el
rostro —ovalado—, donde la nariz es apenas una alusión, y la pincelada
de "rouge" —porque usan "rouge"— es una confirmación más de que la
coquetería o afán de agradar del bello sexo es universal y eterna. Lo
mismo que el dinero, que también circula en Ganímedes; pero por un
sistema monetario original: la emisión de una cantidad fija de
numerario por cada ganimediano más registrado en los censos de
población; ese circulante es para que no haya ningún ser pobre, sin su
dinero correspondiente; y no empobrece al erario público ni provoca la
inflación, porque no hay divisas, sino moneda única, y cada emisión
tiene el respaldo de lo que habrá de aportar a la sociedad, con su
trabajo o su espíritu, el nuevo individuo censado, en los doscientos
años de vida que le queda por delante.
ESPIONAJE Y CONTRAESPIONAJE
En las últimas sesiones del experimento Duclout, "El Ingeniero", que
ha captado un deseo inexpresado de sus interlocutores terrenales, hace
esfuerzos dramáticos por conectarse psíquicamente con un plato volador
en viaje hacia nosotros, y obtener de sus ocupantes alguna prueba,
demostrable en la Tierra, de que es posible comunicar espiritualmente
entre los mundos.
La búsqueda es agotadora, pero "El Ingeniero" es tenaz, porque cree en
el poder radiante del espíritu... Por fin, su mente se instala en un
plato volador, y desde allí emite para los experimentadores
anhelantes, cuanto "ve" y "oye" a bordo. Describe sus compartimientos,
incluso el bar: lujo y precisión, belleza técnica. Once seres observan
en la cámara de relevamientos de planos terrestres las manchas de
radioactividad que un aparato fotodetector va señalando sobre unos
mapas iluminados de nuestro planeta; en ellos los diminutos espías
antibélicos van ubicando laboratorios de uranio, plantas de energía
nuclear, explosiones, que alcanzan a los 5.000 metros de altura a que
van volando; como vuelan velocísimamente, y a esa altura, abarcan casi
simultáneamente en su observación lo que preparan los hombres para
destruirse, al mismo tiempo en hemisferios opuestos, ignorando que
alguien los ve y los vigila por sobre los mares y continentes...
"El Ingeniero" irradia ahora su idea en una mente de ganimedianos,
ojos lemurianos, frente prominente, cuerpecito frágil y vivaz,
inteligente; acaso cubierto de pieles finas y sedosas. Es la medium de
la astronave, la intérprete para la Tierra, del "Comandante" que
dirige —6 de septiembre de 1952— esta expedición de observación...
clínica sobre la incurable enfermedad terrenal: Moloch, Balaal,
Calibán...
Se acerca a su jefe, le habla, imbuida ya por el pensamiento de "El
Ingeniero". —"No entiendo el idioma, pero las ideas sí" —trasmite éste
a su medium humano tendido en el tremendo trance sobre un lecho, en
una casa de un pueblo en paz sobre la tierra. La bobina fonomagnética
no capta durante unos segundos más que el latido de la angustia, casi
audible, de los que esperan la respuesta. Y ésta llega, clara y
trémula como una luz, anunciando el triunfo del experimento psíquico:
Es la promesa, que ha captado, y ahora lo transmite en cadena a su
medium argentino, la promesa de que "El Comandante" del plato volador
acaba de hacerle llegar por la medium de a bordo, de volver a volar
dentro de dos años sobre Buenos Aires, (desde donde se le ha invocado
con amor de saber, sin hostilidad ni temor), como prueba de que los
mundos de la Creación estarán siempre en comunicación espiritual con
la Tierra, mientras en ésta queden espíritus capaces de elevarse hasta
los astros para descifrar su misterio. ❖
-epígrafes de las fotografías-
-La expresión del ingeniero Duclout trasunta la incertidumbre de lo
que sucederá. ¿Surcarán el cielo de Buenos Aires los platos voladores,
o se quedarán en las regiones sidéreas de Ganímedes?
-La Roca de la Gavea, en la Barra de Tijuca, desde donde se captó esta
otra foto de los ya famosísimos platos voladores.
-Un aficionado a la fotografía obtuvo estas dos instantáneas de lo que
él dice ser una formación de platos voladores sobrevolando Texas, en
los Estados Unidos.
-João Martins y Ed. Keffel, en Buenos Aires, conversando con el autor
de esta nota, a quien revelaron detalles de su sensacional primicia
fotográfica en Sudamérica.
Revista Leoplán
17 de noviembre de 1954
*Acerca de Juan González Olmedilla ver:
Juan
González Olmedilla - Wikipedia, la enciclopedia libre
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