Mágicas Ruinas
crónicas del siglo pasado

pablo moret

Pablo Moret
ESTA es la historia de un desconocido, llamado Jean Paul Auguets. El drama de un hombre amado por muchas mujeres, pero que sólo tuvo un amor: su madre.

MARCELLE FAURET, LA MAESTRA
Atravesaba por el campo de Moliéres, allá en Francia, para llegar a la escuela agraria.
En el patio, uno de los alumnos la miró: rubio, con unos ojos magníficos. Le sonrió e hicieron juntos el camino de regreso, viviendo una vez más el eterno amor del alumno por su maestra. Ella lo convidó con naranjada y helados en la glorieta. Jean Paul tenía 8 años. Ella 15 más que él. Nunca la besó. Ya famoso, Jean Paul —Pablo Moret— preguntó por Marcelle. Sus ojos azules se empañaron de lágrimas cuando supo que habitaba con su esposo, obrero ferroviario, y varios hijos en un caserío de las afueras de París. Vivía pobre y tranquila. Nunca vio un film de Moret.

DEDE, LA DEL CORAZON IMPACIENTE
Era el muchacho más hermoso de la fiesta. El más hermoso del mundo. Bailaba ágil y elegante, ciñendo con su brazo el talle de Dedé, convertida en la sombra de su amor. Un día, mejor dicho, una noche, el drama. Los alemanes ocupan Moliéres. El matrimonio Auguets debe huir de Francia junto con su hijo. "Volveré, porque siento que Dedé es mi salvación... ” Pero Dedé lo dejó por otro. La ególatra muchacha sentía la embriaguez del éxito que puede experimentar una cazadora como Ava Gardner, presa de su sentir.

UN ODIOSO AGENTE PUBLICITARIO
20 años. Buenos Aires. Salvador Salías lo llamó para firmar su primer contrato cinematográfico en la película "Los tallos amargos", con Carlos Cores y Gilda Lousek, que también debutaba en la pantalla. Había liquidado todas sus economías para poder llegar bien vestido y a bordo de un lujoso coche: no quería dar da impresión de ser un pobre diablo que se muere por necesidad de trabajar. Quería estar en condiciones de discutir y no sólo de aceptar condiciones. Todo anduvo bien hasta que, en el preciso momento en que estaba por poner la firma al pie del contrato, entró en la sala aquel maldito agente publicitario.
"Un momento, gritó, este muchacho tiene un nombre demasiado difícil de recordar. No funciona para el lanzamiento publicitario: tiene que cambiárselo". Después, sin siquiera esperar respuesta, le puso bajo la nariz un papel con una lista de nombres y apellidos. "Estos pueden andar, dijo, elija el que más le guste".
¿Se dan cuenta qué generosidad? Hasta le daban la posibilidad de elegir. Echó un vistazo y se sintió desvanecer: había todo un elenco de nombre de héroes nacionales, protagonistas de novelas de aventuras y fábulas para niños.
"Adelante, apúrese a elegir el nombre". Así fue cómo apoyó el lápiz, al azar, sobre el papel, y se transformó en Pablo Moret.
Salió de los estudios, y el primer gasto que hizo con el dinero que le habían dado como anticipo fue la compra de un vivísimo y simpático “terrier". Lo llevó a su casa y le dijo solemnemente: “Tu patrón es un perro, amigo mío. Por eso nadie es más digno que tú de llevar su verdadero nombre. Te llamarás Jean Paul Auguets, Jeanpe, para los íntimos..." Mientras le decía esto le acariciaba la cabeza y se sentía verdaderamente conmovido.

HAS NACIDO ACTOR, HIJO...
...Dijo mamá Lola cuando presenció el estreno de “El Jefe” y “Aquellos que amamos". Después logró un papel protagónico en la obra teatral “El bosque petrificado", junto a María Vaner. Y así probó cine y teatro, antesala obligada de la T. V. En cada programa, algún joven actor emprende el vuelo, raptado por los emisarios de la Meca. También Moret vio llegar su turno en “Cuando los años son pocos", que Raúl Rossi dirige y protagoniza desde el canal 7.

FABULOSA CARRERA FOTONOVELISTICA
Una noche Pablo recibió dos pasajes de avión y dos invitaciones para filmar una prueba en fotonovelas. Partió feliz con una compañera de trabajo (nos pide que no demos el nombre). El pasaje era para dos personas, y la amiga le rogó que la llevara: estaba muerta de miedo por la idea de someterse a la terrible prueba, y como él ya había pasado por el trance, quería que estuviera cerca de ella para darle coraje. Sucedió que la amiga fue miserablemente bochada, mientras que él entusiasmó al director encargado de hacerle la prueba. Le ofrecieron un contrato fabuloso, una cifra enorme para un actor de teatro. Aceptó.
Desde entonces ha filmado centenares de fotonovelas; las primeras, triviales; las siguientes, discretas; las últimas, inmejorables.

DECIDIDO A PLANTAR TODO
Sin embargo, a pesar de las ganancias y satisfacciones, hubo un momento en que estuvo decidido a plantar todo. Ocurrió hace pocos años, cuando aparecieron actores como Jorge Hilton, Luis Dávila. Se sentía terminado, inútil. Se decía: “Ellos no tienen más necesidad de ti, pero tampoco tú tienes más necesidad de ellos; entonces dedícate a pasear por el mundo como turista...”
Tal vez la primera parte del razonamiento era exacta, pero no por cierto la segunda. ¡Pablo Moret tenía necesidad de seguir siendo actor y cómo! Cuando más trataba de distraerse, más la vida le parecía vacía, aburrida. A la primera oferta de trabajo volvió a la carrera. No cometerá más el error de irse . a menos que lo hagan emigrar por la fuerza, naturalmente.
Pero las admiradoras y admiradores continúan rodeándolo cada vez que aparece en público: esto para un actor es señal de su popularidad Su insistencia, por un lado, es un hecho conmovedor, pero por otro termina convirtiéndose en eterno problema. No puede ir a ninguna parte, no puede hacer más nada. Y a propósito de admiradores, hay un lugar común, de mal gusto, referente a él: dicen que tiene la manía; de salir con muchachas jóvenes y vistosas para hacer ver que es un irresistible conquistador. No es cierto. Es decir, no es que no le guste salir con muchachas jóvenes y vistosas, pero cuando sale con señores maduros y feúchos ningún periodista mundano se preocupa por hacer un comentario al respecto.
El 20 de junio de este año Pablo Moret entró en “Chez Tatave" a cenar con Hans, un amigo. Brindó con champaña: feliz y lleno de vitalidad. Advirtió que no llevaba flor en el ojal y se compró una rosa amarilla. De pronto, sorpresivamente, recordó que su madre no estaba bien. Abandonó en seguida a su amigo y partió raudo con su N.S.U. Sólo atinó a desviar el rostro del parabrisas destrozado, cuando frenó... o lo frenaron. Después, nada. A la madrugada de ese mismo día, con la cabeza vendada, el cuerpo magullado y principio de conmoción, Pablo pidió que dejasen entrar el sol a raudales.
Días después, gracias a los cuidados de su médico de cabecera y de su madre, Pablo Moret abandonó el sanatorio. “Me ha salvado la vida y no lo olvidaré, doctor”, dijo al despedirse.
Sólo nos resta agregar que todos los que tengan una amiga que forme parte del paisaje natural de la calle Lavalle y que no se pierde una película ni enyesada, ésa que hace cinco años llevaba trenzas y cazaba autógrafos, que la lleven a ver la próxima película de Pablo Moret: “5º año nacional”, que filmara junto a Guillermo Bredeston, Bárbara Mujica, Santiago Gómez Cou, Alberto Bello, etcétera.

Revista Platea
28/07/1961

 

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