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gabriela sabatini
Sabatini boom
Recientemente proclamada campeona mundial, Gabriela Sabatini (14) es el nuevo fenómeno argentino

La mañana del 14 de febrero, Gabriela Sabatini, una vez más, había ganado espacio en la tapa de los diarios y centímetros en las páginas de deportes. Pero más que nunca, porque la tarde del 13 la Federación Internacional de Tenis la había proclamado campeona mundial juvenil 1984, certificando así lo que desde hacía tiempo se había convertido en el nuevo fenómeno del deporte argentino.
Pocos días antes, en Mar del Plata, Illie Nastase, que un año antes había compartido un court con ella, la señaló como "la tenista de mayor talento natural” que había visto. Asombro no mucho mayor que el que había experimentado su compatriota Ion Tiriac cuando dijo “es un diamante en bruto”, apenas la vio moverse. La historia que había empezado en 1977, en uno de los tantos courts del club River Plate, cuando tenía siete años y era más baja que la red y no mucho más alta que su propia raqueta, empezaba a rebelarse en toda su potencia.
Cuando del brillo de Guillermo Vilas apenas quedaba un lejano resplandor, los argentinos encuentran un nuevo blanco para su euforia. Claro que esta vez se trata de una mujer, mejor dicho de una chica, que recién el 16 de mayo de 1985 será una quinceañera. Y para los devotos del tenis no es lo mismo. Gabriela gana. Demuele con su juego a jugadoras que le llevan siete años, se alza con un título de campeona juvenil cuando es demasiado joven hasta para ese título. Se queda con Roland Garros, con Orange Bowl, atrae la mirada de los expertos y los obliga a elogio. Pero en los courts locales todavía se la mira de reojo. Ricardo Núñez, 18 años, Buenos Aires Lawn Tenis, dice que “está bien, en estos momentos es la campeona mundial más joven y tiene un gran futuro, pero en mi opinión el hombre es más fuerte que la mujer, aunque puede haber alguna excepción, como Martina Navratilova que tiene un saque que te arranca la raqueta, pero de lo contrario es difícil que una mujer pueda competir con los grandes genios del tenis mundial. Insisto, el hombre siempre es más fuerte, por algo Vilas tuvo mucha más repercusión que la que tiene la Sabatini’ ’.
Para Darío Leal (32) “está mal que la Sabatini sea la mejor del mundo con sólo 14 años. En otros países a esa edad la cuidan y por eso ella puede ser la mejor ahora, porque las de su edad no entran en el circuito en el que ella entró. Hay que ver qué pasa dentro de unos años, cuando esta chica sea mayor”. Dante Paliccelli, veterano de las canchas del Buenos Aires Lawn Tennis, dice que “quizá la mía sea una actitud machista, pero creo que cualquier mujer es físicamente inferior al hombre. A veces, viendo jugar a esta piba, me da la impresión de que se va a romper. . . no sé, la veo tan delgadita, tan frágil que, qué sé yo, creo que si juega con un varón, seguro el chico le gana”. Claro que, casualmente, las opiniones femeninas no coinciden con las masculinas. Adriana Gonzáles (25) ve a la Sabatini como “una excelente jugadora, aunque no tiene mucha fuerza, pero sí mucha muñeca. Es muy hábil y muy técnica y creo que le sobra futuro’', de todas formas no cree que exista un look Sabatini. “Todavía es muy chica. Cuando Vilas apareció impuso su look pero ya era un jugador grande y había enfrentado a los máximos valores. A lo mejor cuando Sabatini llegue a la edad de Vilas pueda imponer su look, pero por ahora no”, dice.
Y a juzgar por una recorrida que SOMOS hizo por casas de deportes, algo de lo que dice Adriana Gonzáles parece ser cierto. Si bien algunos vendedores admiten que “muchas chicas vienen y piden la ropa de la marca que usa la Sabatini (Ricki, confeccionada por Christian Dior) otras se resisten a vestirse como ella, porque creo que quieren vestir a la Sabatini como si fuera una nena y eso a las adolescentes no les gusta. Además, esa modalidad de la pollera-pantalón no tiene mucho eco entre las chicas".
Machistas más, feministas menos, los ojos de argentinos se enredan cada vez más en la figura de esta campeona de 14 años. Por un lado están los que le exigen que gane cada game que juega, por otro lado los que, como Tiriac, aseguran que este “diamante en bruto” depende del artesano que la vaya puliendo en los próximos años: “si el artesano es bueno, seguramente la convertirá en una joya"’, profetizaba el rumano. De todas formas, el diamante ya empezó a brillar y, por momentos, con destellos que podrían encandilar al más pintado. Como cuando la famosa revista norteamericana World Tennis, en su resumen anual, le dio la tapa junto a Martina Navratilova y John McEnroe bajo el título La gran Sabatini, con el comentario del norteamericano Peter Fleming que decía “ella es boom, boom y más boom”.
Lo cierto es que, mientras los argentinos se ponen de acuerdo para ver si idolatran o no a Gabriela Sabatini, ella sigue subiendo en el ranking mundial femenino: ya llegó al puesto número 35 con lo cual son 40 los escalones ascendidos desde que inició su gira como profesional. El simpático mundo del tenis quedó atrás. Ahora se trata del circuito profesional donde a nadie le sobran dólares como para distraerse. Pero Gabriela dice, asegura, que “no quiero que el tenis deje de ser un juego y se convierta en una obligación”. Claro que la aspereza del profesionalismo y la espesura de la fama ya se hacen sentir. El último sábado, cuando entró al CEF N° 1 de Mar del Plata para jugar contra Bonnie Gadusek, la jauría de admiradores, los infinitos flashes rebotando infinitamente contra su cara y la mayor colección de grabadores portátiles que Gabriela jamás había visto tan de cerca, la hicieron dudar de su decisión de veranear en Mar del Plata. “Desde que llegué que no tengo un minuto de tranquilidad”, dijo más desanimada que molesta.
De todas formas los reportajes con Gabriela Sabatini suelen ser breves. En parte porque es introvertida y en parte porque no hay mucho de qué hablar: su pasado es escaso, su presente harto conocido y su futuro demasiado promisorio como para que una chica de 14 años, que todo lo que quiere es jugar al tenis, se anime a bosquejarlo. ©
Daniel Ares
Informes: Horacio Fernández
SOMOS 22/2/85
 

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