Mágicas Ruinas
crónicas del siglo pasado
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| POR LA RUTA MAS DIRECTA NUESTRO PAÍS HA ESTABLECIDO UN
SERVICIO AEROCOMERCIAL POR MARIO SMITH Alas argentinas ya están de un salto en Nueva York. Nuestro país ha establecido en forma definitiva un servicio aerocomercial entre las dos grandes ciudades del sur y norte del continente, que sirve, a la vez, de vínculo efectivo entre países hermanos.. Con emoción incontenible, funcionarios y periodistas iniciaron el viaje inaugural en un gigantesco cuatrimotor DC-6 de Aerolíneas Argentinas F.A.M.A., convertido en un pedazo de la patria que surcará los cielos de otros países en misión de paz y de con fraternidad. Conducidos por pilotos argentinos, con tripulación también auténticamente argentina, estos poderosos aviones constituyen el orgullo de un pueblo vigoroso y por cuya grandeza moral y material trabaja incansablemente el Presidente de la Nación. Desde el fantástico aeródromo “Ministro Pistarini”, considerado el más grande del mundo, remontamos vuelo, y bien pronto, desde lo alto, admiramos el panorama magnífico que él nos brinda. Obra argentina de gran aliento que nos llena de enorme satisfacción. Veinte minutos de vuelo y estamos sobre el Uruguay. En Río de Janeiro nos aguarda una fuerte tormenta. Los pasajeros no reparan en ella. Es que estos aviones están dotados de todos los adelantos de la ciencia y de cabinas altimáticas, que permiten sobrevolar las nubes, ir más arriba de las tormentas, brindando así un vuelo plácido, con aire interior a una presión normal. Además, las comodidades dentro del avión se han hecho respondiendo al confort más moderno. Salimos de Río en medio de una copiosa lluvia, rumbo a Belem. En una y otra ciudad brasileña la delegación argentina fué objeto de cálidas demostraciones de afecto. Al cruzar el Ecuador se procedió a realizar la simbólica ceremonia del bautismo de todos los viajeros, extendiéndose a cada uno de ellos el certificado que lo acreditaba como miembro del Club de los Cielos. De Trinidad seguimos a La Habana. En esta ciudad debimos llenar ciertos requisitos establecidos por la autoridad sanitaria de Cuba, luego de lo cual la delegación argentina almorzó en el mismo aeródromo. Sólo concurrieron miembros de nuestra misión diplomática en dicho país. Por fin emprendía el gigantesco avión su última ruta hacia la anhelada Nueva York. Pero el mal estado del tiempo impidió que nuestros deseos fueran colmados. Faltando poco tiempo para llegar a la ciudad neoyorquina, el avión debió regresar por falta de visibilidad. Wáshington y Boston estaban en las mismas condiciones, y debimos descender en el aeródromo de Charleston. Nuestro arribo allí coincidió con la celebración de las tradicionales fiestas de las azaleas, a las que acuden millares de personas de todos los puntos de los Estados Unidos. En Charleston se nos tributó cordial recibimiento y las autoridades aduaneras fueron muy gentiles con los argentinos, facilitándoles el trámite de la revisión de equipajes. Nuestra presencia despertó verdadera curiosidad. Estábamos en tierra extraña, de idioma v costumbres muy diferentes a los nuestros. En la gran pista del aeródromo descansaba el cuatrimotor argentino. Un hombre de color, tímidamente, nos hace una pregunta “¿De dónde son ustedes?” “De la Argentina”, respondimos.” “¡Ah! ¿De Perón?”, nos responde. Todos nos miramos sorprendidos y, por supuesto, halagados. Allí, en el lejano sur de Carolina, conocían a nuestro Presidente. Fuimos alojados en una magnífica hostería, típicamente norteamericana, de Summerville, a unos 30 kilómetros de Charleston. A la mañana siguiente retornamos al aeródromo para seguir viaje rumbo a Nueva York. Volamos espléndidamente, y por fin llegamos a la ciudad de los rascacielos. Al tocar tierra, los pasajeros dieron vivas a la patria, al general Perón, a su señora esposa, doña Eva Perón, y al coronel Castro. La alegría y la emoción de todos eran incontenibles. Al divisar la bandera de la patria, enarbolada junto a la norteamericana en el aeropuerto de Idlewild, sentimos vibrar nuestras fibras más íntimas. Sencillo homenaje que se tributaba a la lejana patria. Así dejamos inaugurado un servicio aerocomercial auténticamente argentino, luego de cumplir un viaje magnífico. Todos los que han participado de él lo recordarán toda la vida. Durante el trayecto se comprobó que Aerolíneas Argentinas ha establecido excelentes servicios en cada uno de los aeródromos fijados como etapas intermedias. Todos estos servicios están dirigidos por personal argentino. Además, funcionan oficinas para atender al viajero. Por otra parte, se han construidos depósitos de materiales que aseguran la existencia de repuestos necesarios. Empresa argentina de gran envergadura. quedó incorporada a las actividades aerocomerciales en forma definitiva gracias a la visión del ministro de Transportes, coronel Juan F. Castro, fiel intérprete de la capacidad creadora del general Juan Perón. -pie de fotos- -IMPONENTE ASPECTO DE LA QUINTA AVENIDA de Nueva York. Bajo la mole fantástica de los rascacielos pululan los hombres a la manera de hormigas. Desde los aviones de FAMA, la vista alcanza contornos impresionantes de la gran urbe. -DESPUES DE REALIZAR un magnifico vuelo, a pesar del mal tiempo reinante en toda la ruta, llega al aeródromo de Ildlewild (Nueva York) el gigantesco cuatrimotor de Aerolíneas Argentinas. tributándosele un cordial recibimiento. -DOTADOS DE EXCELENTES COMODIDADES, los interiores de los aviones que van a Nueva York responden a los lineamientos modernos más rigurosos, que hacen realmente placentero el viaje del sur al norte de América. -EL MINISTRO DE TRANSPORTES de la Nación, coronel Castro, despide con un abrazo al coronel José Zubieta, presidente de la delegación que se trasladó a Nueva York, inaugurando así el servicio aerocomercial. Revista Mundo Argentino 03-05-1950 |
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