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Laiño no se rinde
Escribe un libro sobre la Argentina que él vivió.
Félix Laiño aprendió a solfear antes que a escribir. Llegó adolescente
al periodismo con un I flamante título de profesor de violín, "el
espíritu de sacrificio que tienen los músicos" y un exacto sentido de
la armonía que llevará a la prosa —cuasi solfeable— y se repite en la
cadencia de su charla y en su ropa. Pasó por Ultima Hora, Tribuna
Libre y La Nación. A los 21 años empezó como reportero en La Razón. A
los 27 era jefe de redacción. Había recibido un diario en1 derrota con
una venta media de 37.000 ejemplares. En los 47 años de su gestión la
cifra pico llegó a 500.000, y en 1976, rodrigazo mediante, bajó a
220.000. Su diario seguía siendo un éxito masivo comprado "desde las
villas miseria hasta el Barrio Norte". En 1984 Félix Laiño se fue de
La Razón. Pero ésa es otra historia. La que SOMOS revisó con él se
refiere a proyectos actuales: la próxima edición de 1930-1983. Relatos
de un testigo presencial del drama político argentino, y la redacción
de un manual para periodistas. A los 75 años y —como él suele bromear—
"en pleno frenesí didáctico", sigue despertándose a las 6 ("para
escuchar el primer concierto de Municipal”) y trabajando toda la
mañana y parte de la tarde. Frugal en sus hábitos de vida, gran
fumador, beethoveniano en sus gustos musicales, ferozmente adicto a la
poesía de Whitman. Y todo un maestro por muchos motivos además del que
reconoce: "haber enseñado que para ser periodista no hace falta ser
alcohólico ni desharrapado". Durante su charla con SOMOS, Laiño, un
caballerazo lleno de buenas razones, dijo cosas como éstas.
• Soy antes que nada periodista: dejé al literato. Para redactar mi
libro escogí el lenguaje periodístico. No se trata de memorias porqué
no tienen puesto el acento en lo personal más
allá de lo que resulta como testimonio de la época. Y termino con un
gran sermón cívico, fruto de toda mi experiencia. A través de los años
he podido ver cómo se ha ido deformando la vida pública argentina y
cómo hemos caído en el abismo. Me sentiría feliz si a través de este
relato confiado a la memoria el lector siga el hilo de Ariadna que
conduzca a la salida del laberinto. No he consultado archivos ni
revisado papeles, salvo en los casos en que la precisión de fechas se
hizo indispensable.
• Cuento muchas cosas inéditas hasta ahora. Algunas sobre la
revolución del ’30, como la intervención de Tamborini y el papel que
jugó Elpidio González. De años posteriores, exactamente 1976, cuento
cómo la viuda de Perón le ofreció a Videla anticipar las elecciones
con un candidato a presidente apoyado por el peronismo. Y cuento
muchas anécdotas. Una que habla del fair play de los grandes hombres
argentinos: se refiere a Alvear y Justo. Corría 1937 y ambos eran
rivales políticos. Alvear descubre un romance íntimo de Justo con una
niña de la alta sociedad a través de una foto comprometedora. En lugar
de utilizarla como arma política, se la mandó con una esquela que
decía: "Agustín, cuidate". Justo lo interpretó como un acercamiento.
Alvear le respondió que no: "Esto era una actitud de Marcelo para
Agustín, pero no de Alvear para Justo”.
• Fíjese que entre 1852 y 1940 las leyes que se dictaron por el
Congreso y promulgaron caben en 40 tomos. Las que se editaron entre el
'40 y el ’76 ocupan 80 tomos. Ese frenesí legislativo hizo que las
leyes perdieran valor, como la moneda con la hiperinflación. Y ésa es
la consecuencia de la inestabilidad jurídica: hay exceso de leyes,
inflación legislativa. La Constitución Nacional fue discutida y
aprobada en diez días. Ahora, para votar el presupuesto, tardamos tres
meses.
•Hago también un balance general de los distintos gobiernos. Y digo
por qué los militares no sirven para gobernar. En una sílaba está el
secreto: los militares están hechos para vencer y no para 'con'vencer.
En ese prefijo está encerrado todo el drama argentino.
•Antes se llegaba al periodismo por la literatura. Los casos de
Borges, José Gabriel, Edmundo Guibourg, Mariano y Joaquín de Vedia,
Pablo Suero, Bernardo González Arrilli. Y el alcoholismo, tan
frecuente en las redacciones, tenía su origen muchas veces en muchos
fracasos como escritores. Por otra parte, el periodismo fue siempre
militancia de hombres pobres. Nunca se pagó bien ni se paga bien
ahora. Esa es una falencia imputable a la ligereza de los empresarios,
que gastan millones de dólares en equipamiento mecánico pero no
quieren gastar cuando se trata de equipamiento humano.
Cincuenta años de la vida política del país y el relato de un testigo
privilegiado. El libro de Félix Laiño promete.
Vilma Colina
Foto: Norberto Mosteirin
Somos, 06/09/1985
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