Mágicas Ruinas
crónicas del siglo pasado

el bolsón

TURISMO ALLA, EN EL SUR
Los propensos al mareo habrán tomado antes de subir al coche o al ómnibus una dosis de Bonamina, efectiva para evitar el malestar que pueden llegar a producir las numerosas curvas que, a lo largo de 130 kilómetros, torturan el camino de ripio que vincula Bariloche con El Bolsón. Esta serenidad farmacológica los habilitará para imbuirse de la serenidad ambiente, la de los múltiples valles alfileteados de pinos, cipreses, abetos y ñires; balidos, mugidos y. por supuesto, regados por arroyuelos perfectos por construcción y puros por composición.
Casi siempre resultará inútil llamar o golpear las manos frente a la tranquera (si la hay) de las casas de madera grisada, algo derruidas, lo mismo que el establo o el corral que suelen acompañarlas. Raramente se mostrarán seres humanos a la vista.
Escondido entre la Loma del Medio al Oeste y el cordón del Piltriquitrón al Este, y a sólo 5 km del paralelo 42, que define la frontera con la provincia de Chubut, el pueblo ocupa una posición estratégica en el centro de abundantes posibilidades turísticas y deportivas. Sin embargo, a pesar de esta riqueza potencial, su realidad actual se ve empobrecida por la falta de una infraestructura adecuada (hotelería, tours, instalaciones para la práctica del esquí, etcétera). Existen solamente cinco hoteles aceptables y un solo auto-camping, con lo que las disponibilidades se ven rápidamente colmadas en temporada.
Consciente de esta situación, la Municipalidad de El Bolsón ha hecho de la creación de la infraestructura turística una de sus prioridades. Se trata en este momento de atraer inversionistas que comprendan las posibilidades realmente excepcionales de esta región, en gran parte inexplorada y que invita a la aventura del descubrimiento en numerosos cerros y valles “no hollados por la planta humana”. Para dar una idea de lo que esconden, basta con señalar que en uno de ellos existe un arroyo, que une dos lagos y en este arroyo una catarata que pasa bajo un arco de glaciar.
En invierno, en los cerros vecinos se forman numerosas y excelentes canchas de esquí. Bastarían unos cuantos ski-lifts, chair-lifts y algunos refugios de montaña para convertir al lugar en un importante centro deportivo. Actualmente sólo tienen lugar actividades por parte de los socios del Club Andino Piltriquitrón, quienes disponen de un ski-lift de gancho de 300 m de largo que los alza hasta el cerro homónimo.
Pero no todo es futuro en El Bolsón. El presente basta para calmar a los impacientes y el turista está en condiciones de elegir entre no menos de 20 posibilidades: el camino al cerro Piltriquitrón y al refugio del Club Andino, subida al cerrito Amigo, paseos por Villa Turismo y las chacras de Las Golondrinas, visita a la Estación Forestal General San Martín, paseo a El Hoyo y La Catarata, el Valle de las Mirtáceas hasta la desembocadura del río Epuyén en el lago Puelo, el río Azul, excursiones a la Roca de Rübezahl y la Cara del Indio, la Catarata Escondida, la catarata del Mallín Ahogado y su circuito, la Catarata de la Virgen, las barrancas del arroyo Ternero, las chacras de Nahuelpan y el Camino Viejo a San Carlos de Bariloche. Todos estos paseos son altamente rendidores en goces panorámicos y experiencias enriquecedoras. En la Oficina de Turismo que la Municipalidad ha instalado en el centro del pueblo, el interesado recibirá informes sobre la manera de efectuar cada uno de los itinerarios mencionados, muchos de los cuales pueden ser realizados sin bajarse del coche.
La economía local —mejor dicho, la del sector de la población local que puede darse el lujo de tener economía— está basada, como se sabe, en el lúpulo —suficientemente importante ya como para justificar una Fiesta anual, aunque sus rendimientos humanos son más que escasos; sólo representa trabajo durante diez días para sesenta personas—, la madera —principal responsable de la estratificación social de la población— y la rosa mosqueta, que en aras de la paradoja es una plaga que rinde sabrosos beneficios, ya que sus semillas integran la alimentación balanceada de cerdos y gallinas. Por supuesto, la espinosa plantita también es aprovechada para hacer la famosa mermelada.
Los aficionados a las exquisiteces son ampliamente gratificados en la zona de influencia de El Bolsón, ya que se está difundiendo el cultivo de frutas sofisticadas, como la frambuesa, la grosella, el corinto (grosella de racimo), el voysenberry (cruza de frambuesa y zarzamora) y el cassis (grosella negra de racimo), además de la clásica frutilla (Fragaria, chilensis).
Otros refinamientos propios de El Bolsón son las leyendas exóticas y las numerosas entidades místicas, religiosas o esotéricas que se disimulan entre los lupulares, enraizadas en el bagaje cultural de muchos pobladores de origen foráneo.
La leyenda por excelencia de El Bolsón es la del sheriff texano, Martín Sheffield, quien llegó a la región a principios de siglo, según se dice, persiguiendo a unos delincuentes. Los más imaginativos pretenden que su vida sirvió de base a la historia de Butch Cassidy. Parece que la principal diversión de Sheffield —quien vivió de la solitaria profesión de buscador de oro—. además de tener hijos con su mujer, la india Pichún —tuvo doce—, era volar a balazos los tacos de las asistentes a los bailongos de entonces. Su fama trascendió los límites regionales cuando pretendió haberse topado en un lago con un dinosaurio vivo. De su vida y sus delirios sólo quedan un retrato, su tumba y la estrella de sheriff, en manos de una de sus hijas.
En cuanto al misticismo, la novedad en El Bolsón es un grupo de jóvenes que llegó en la última primavera. Andan sueltos o en parejas; los novatos se delatan por su prisa y sus zancadas, los más veteranos por su andar vago, similar al de los indios en poblaciones blancas. Entran y salen del Correo, que los provee de cartas y giros, cuyos sobres rompen con urgencia. También suelen alejarse apretando bajo el brazo encomiendas de diverso formato.
La gente del pueblo los llama “los hippies”, con generosa imprecisión. Hasta no hace mucho tenían una comunidad sobre la ribera del río Azul, a la altura de Hermosilla. Ahora la mayor parte del grupo se ha trasladado más adentro, al Oeste, al aserradero abandonado de Ludden, donde encuentran madera para construir sus refugios. El número, muy variable, oscila alrededor de veinte, incluyendo tres mujeres.
Reconocen el origen de la comunidad en una iniciativa de los actores contratados por Arturo Romay y Enrique Carreras para hacer Hair. Ahora no queda ninguno de ellos en el grupo, pero se supone que seguirán prestándole apoyo económico desde el exterior. En especial ponen sus esperanzas en un giro que debería llegar de Chile, donde están actuando varios de los próceres de la comunidad.
La población lugareña en general los recibió bien, halagada por la decisión de los jóvenes de tomar contacto con la vida natural precisamente en esa zona. Varios de ellos necesitaban urgentemente ese contacto, ya que poseen historias clínicas bastante frondosas, generalmente originadas en el consumo de anfetaminas hasta límites prácticamente letales, y deben la supervivencia a largas internaciones.
Ahora afirman disponer de mucho mayor control sobre sí mismos y adjudican el mérito a su vida comunitaria. Llaman así a una deliberada indiferencia benevolente con respecto al vecino —imposible dejar de pensar en el benign neglect de los asesores de Nixon—, a la libertad individual como pretexto para la volubilidad y coolness de los afectos, y a la condena de la sociedad de consumo como justificativo de la indiferencia total —que varios confiesan taxativamente— con respecto al destino de su país, de su continente, de la humanidad entera y hasta de su propio agrupamiento. Este sano sistema de resolver angustias en el egoísmo encuentra su aplicación práctica en el divertido rechazo —por parte de los varones— del uso de cualquier tipo de anticonceptivos, químicos o mecánicos. Se supone que los hijos son “hijos de la comunidad”, pero no se puede dejar de temer por el destino de la comunidad en el próximo invierno cuando ya se encuentra a varios de sus componentes haciendo dedo en el pueblo por si alguien quiere llevarlos hasta Bariloche y, si fuera posible, hasta la propia Cabeza de Goliath.
14/III/72 • PRIMERA PLANA Nº 476

 

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