Mágicas Ruinas
crónicas del siglo pasado

computadora MERCEDES DGI
ECONOMIA Y NEGOCIOS
Impuestos: Para atrapar a Don Luis
El implacable sobre azul de réditos se abatió sobre la familia, como todos los años para esta época, y estuvo a punto de dividirla: a papá Falcón se le ocurrió opinar que hay que ser honesto con el fisco, y registrar las ganancias reales en la declaración de impuestos; el tío solterón, en cambio, se dispuso a hacer lo que hace la mayoría: contratar un liquidador capaz de manipular bien las cifras hasta dejarlas en su mínima expresión. Claro que el libretista de La familia Falcón, un programa de Canal 13 que se afana por reflejar la actualidad, al dramatizar la liquidación de las impuestos no tuvo en cuenta un detalle: este año, la huelga de correos paralizó la marea de sobres azules con los formularios de réditos que parte de la Dirección General Impositiva. Los contribuyentes tuvieron que darse por enterados con los avisos en los diarios, y el debut en televisión de Mercedes, la insobornable computadora de la DGI.
La campaña de publicidad del fisco fue menos agresiva: en vez de los sombríos afiches que amenazaban con “Prisión por deudas”, novedad introducida el año pasado, los diarios dieron cabida a un memorándum dirigido al contribuyente común, Don Luis; en unas pocas líneas, su asesor impositivo le recordaba que el miércoles 20 vencían los impuestos a los réditos, emergencias y ganancias eventuales, y le confirmaba que “según averiguaciones efectuadas”, la DGI no iba a conceder prórrogas. Costo total de la campaña: 9.865.000 pesos, sin contar los pantallazos por televisión que los canales se negaron a cobrar. Según José Ferrari, responsable de la publicidad de la DGI, este año el fisco se introdujo en las escuelas, para persuadir al ciudadano “aun antes de que llegue a la condición de contribuyente directo”.
Pero, por las dudas, el propio titular de la DGI, Antonio López Aguado, citó a una conferencia en vísperas del vencimiento, el martes 19, para terminar de convencer a Don Luis que es mejor no tratar de engañar al fisco. En seguida López Aguado descubrió las baterías del organismo: confección de una lista completa de contribuyentes, centralización de impuestos en una sola dependencia, prolija depuración de legajos de no contribuyentes y micro-filmación de todos los documentos impositivos. Pero el arma principal es la memoriosa Mercedes: la computadora empezará este año a engullir toda la información que proporcionan los contribuyentes, para comparar los ingresos con los gastos y discriminar quienes deben ser inspeccionados. Don Luis, al parecer, no tiene otra salida que pagar, y lo sabe: Abraham Scherz, titular de uno de los estudios contables más atareados con el reciente vencimiento, dijo que “las empresas saben que se han invertido los términos, y que ahora la DGI está mejor equipada que ellas para controlar sus actividades y sus pagos”. También influye, en el ánimo de muchos contribuyentes remisos, la amenaza de juicios por deudas atrasadas.
Además, el trámite se hizo menos doloroso este año: la DGI puso en práctica un plan de descentralización que multiplicó el número de oficinas receptoras; la medida, sumada a la ampliación del horario —el miércoles se recibieron formularios hasta las, 24 horas—, evitó las habituales colas. En busca de contribuyentes, equipos móviles de la DGI abandonaron los cuarteles y se instalaron en la sede del Colegio de Contadores (la mayoría son liquidadores de impuestos), para recibir los formularios que presentan los dueños de casa en nombre de sus clientes, sin discriminación de zonas. Aunque el despliegue reconocía otra causa, más fuerte que la cortesía: la mayor parte de los sobres azules se demoró en el correo y algunas entidades ya comenzaban a gestionar una prórroga. La Cámara Argentina de Martilleros y Consignatarios alcanzó a dirigirse al Secretario de Hacienda para pedir el traslado del vencimiento al 20 de junio.
Por primera vez, los funcionarios encargados de recibir las liquidaciones estamparon un sello personal como acuse recibo, para poder delimitar la responsabilidad en caso de comprobarse que un formulario fue admitido después de la fecha de vencimiento. Algunas facilidades, obviamente, fueron disimuladas por la DGI: en las agencias, los contribuyentes rezagados eran cortésmente derivados, “para solucionar sus problemas”, a un servicio paralelo de liquidadores que en pocos minutos se encargaban de llenar los complicados formularios. Precio del asesoramiento: entre 1.500 y 2.500 pesos, sin incluir planillas adicionales por posesión de propiedades u otro tipo de bienes. Los honorarios son similares a los que perciben los profesionales reconocidos (entre 3.000 y 5.000 pesos).
Las primeras estimaciones, el viernes, hacían oscilar la cifra de la recaudación en todo el país entre 18.000 y 20.000 millones de pesos; es el 25 por ciento que faltaba de 1965, ya que el año pasado los contribuyentes anticiparon el 75 por ciento. La Secretaría de Hacienda calculó para 1966, en concepto de réditos solamente, un total de 100.000 millones (contra 75.800 en 1965), lo que significa que la diferencia tendrá que ser cubierta con los anticipos de 1966, en julio, setiembre y noviembre. Para reforzar la recaudación, el fisco apuntó al campo: en la reciente liquidación influyó la suspensión de las desgravaciones por compras de bienes de capital. Una sociedad agropecuaria que en 1965 no pagó réditos por sus beneficios, se vio forzada a tributar, este año, 54 millones de pesos.
La fórmula “declare ahora, pague después” también hizo lo suyo. Según Scherz, el sistema de cuotas prendió más entre los ejecutivos de empresa y los productores agropecuarios; en cambio los profesionales siguen aferrados al pago al contado, tal vez un tanto asustados por el interés, del 2 por ciento mensual, que aplica el fisco. El plan preferido es el que exige un 20 por ciento al contado y el resto en 10 cuotas. Los recaudadores estiman que en lo que va del año las recaudaciones superan a las de igual período de 1965 en un 50 por ciento, o quizá más. Las cifras que recopila día a día la DGI muestran, en efecto, un aumento del 70 por ciento; pero según los expertos, la comparación no es válida porque recién en abril de 1965 comenzó a incidir la reforma impositiva. Seguramente, la confrontación al segundo trimestre arrojará resultados menos optimistas.
De tedas maneras, los funcionarios se han cuidado muy bien de exteriorizar sus sentimientos ante los progresos de la recaudación impositiva; a diferencia de otros años, la DGI no se apresuró a comunicar las cifras del reciente vencimiento, y desvió la curiosidad de los periodistas a la Secretaría de Hacienda. Para muchos, el hermetismo tiene una sola razón: evitar que las cifras sean utilizadas para cercenar los aumentos de impuestos que en estos momentos esperan turno de sanción en el Congreso. ♦
PRIMERA PLANA
26 de abril de 1966
 

ir al índice de Mágicas Ruinas

Ir Arriba