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Un mundo de coherencia
Durante toda la semana —en un acto a realizarse el viernes 24 en el Luna Park se harán públicas las conclusiones— sesionará el XIV Congreso del Partido Comunista para decidir, entre otras cuestiones, la actitud a adoptar frente al proceso electoral. Esta definición seguramente provocará arduas polémicas entre las distintas tendencias que estarán representadas en el cónclave, a pesar de que es probable que triunfe la tesis de apoyar directa o indirectamente al peronismo, siguiendo la línea del XI Congreso de 1946 y la táctica de las elecciones parlamentarias de 1965, cuando el PC concurrió en apoyo de la Unión Popular. Este acercamiento al peronismo ya se había evidenciado también en los comicios del 11 de marzo en algunos distritos como Córdoba., y Santa Fe, donde el comunismo adhirió a la fórmula Obregón Cano-Atilio López, en el primer caso, y a la de Campos-Bonino en el segundo, aunque votando en el nivel nacional a los candidatos de la Alianza Popular Revolucionaria. En las últimas semanas esta línea estratégica parece haber impedido el reflotamiento de la APR —de la cual el PC es la columna vertebral— y la postulación de Agustín Tosco, a quien el comunismo le habría negado su apoyo en forma categórica.
En un extenso diálogo con Panorama, Rubens Iscaro, miembro del Comité Central del Partido Comunista, reseñó esas posiciones antes de la reunión del congreso partidario que tendrá como lema: "Por la patria liberada, en marcha hacia el socialismo". Lo que sigue es la síntesis de esa charla:
—Aun cuando el congreso no ha dado su última palabra se estima que el PC apoyará la fórmula Perón-Perón. ¿Es una apreciación cierta?
—Como usted dice, es el congreso el que determinará la posición a asumir y no me corresponde a mí darla a conocer, porque no sería democrático. Sin embargo, los lineamientos generales de nuestra postura se desprenden de la adoptada en el XI Congreso partidario, cuando se decidió respaldar al gobierno peronista en los hechos positivos y criticar los negativos. Además, como ya lo afirmamos en distintas oportunidades, queremos que se respete el pronunciamiento popular del 11 de marzo, que el gobierno cumpla con el compromiso asumido y, para cumplir, primero hay que triunfar. Nosotros ponemos el acento en los programas que se levantan. Los males heredados de la dictadura militar no puede solucionarlos un solo partido, por más poderoso que sea, sino por una amplia coalición de las fuerzas democráticas y progresistas que representan al 80 por ciento del país. Por eso sostenemos la necesidad de estructurar un amplio frente antioligárquico y antimperialista para la formación de un gobierno de coalición democrática. La postulación de candidaturas audaces que exploten la personalidad o el prestigio personal de algunos dirigentes políticos u obreros, no puede considerarse expresión de este anhelo de una amplia conjunción de fuerzas.
—Esas razones explican por qué el PC no apoyó la candidatura de Tosco?
—La candidatura de Tosco era una de las tantas especulaciones políticas
que él mismo se encargó de eliminar del panorama. Hubo ofrecimientos por parte de una fuerza política estrecha y sectaria, pero muchos amigos le hicieron llegar sus opiniones negativas a aceptar. No ayudaría esa candidatura porque no es levantada por un verdadero frente democrático que las condiciones no han permitido estructurar aún. Además, la personalidad de Tosco debe jugarse para cosas de mayor envergadura e importancia.
—¿Para candidato de un frente dentro de cuatro años, por ejemplo?
—O para dentro de seis meses. En estos momentos nunca se sabe.
—¿Cómo analizan la actual coyuntura política?
—El 11 de marzo los intereses de los monopolios y la oligarquía sufrieron un gran golpe, cuando el 80 por ciento del país votó por los partidos que prometían cambios políticos y sociales. Alarmado por esta situación el imperialismo yanqui, a través de la dictadura brasileña, inició una ofensiva para cercar a la Argentina. El autogolpe uruguayo, la subordinación de Paraguay y Bolivia al Brasil, los intentos golpistas en Chile y la amenaza a la soberanía argentina en la Antártida se enmarcan en ese contexto. Esta situación también se plantea en el plano interno, donde la derecha ataca a la izquierda, y en los sucesos del 13 de julio que culminaron con la renuncia del doctor Cámpora, derrocado por un golpe de derecha. Esto, por supuesto, no implica un juicio sobre el gobierno provisional.
—Pero, en ese caso, ¿el apoyo a la fórmula Perón-Perón no significa avalar el golpe de derecha del 13 de julio?
—Nosotros no hemos dicho que vamos a apoyar a la fórmula peronista; eso, repito, lo resolverá el congreso. Pero estamos actuando en un proceso muy dinámico donde hoy golpea la derecha, donde hoy triunfa la derecha y mañana ganará la izquierda. El 11 de marzo fue derrotada la dictadura militar pero, y eso lo afirmamos en su momento, la derecha se mantuvo agazapada a la espera de una mejor oportunidad. Como el proceso no está terminado es necesario ¡librar la batalla desde la masa para aplastar definitivamente a la derecha. Por otra parte los hechos son los únicos que marcan la coherencia política. Nosotros pensamos trabajar junto a las masas peronistas radicalizadas y organizar nuestra unidad de acción junto a esas masas.
—¿Es decir, partiendo de un movimiento obrero hasta ahora hostil al Partido Comunista?
—En los años que llevo dentro del movimiento obrero, y que son muchos, nunca he visto tantas tendencias, tantas voces proclamando su resistencia a la burocracia sindical enquistada en la CGT. Yo creo que Perón, por ser un político práctico, sabe que la oposición a Rucci y sus amigos se acrecentará día a día, creando un foco de inestabilidad a su gobierno. Todo proceso revolucionario y popular necesita del movimiento obrero para llevar adelante su gestión, pero antes es imprescindible limpiar de burócratas a los sindicatos, democratizar los gremios y permitir que las direcciones de los mismos sean representativas y soberanas. Esa es nuestra principal propuesta. ♦
PANORAMA, AGOSTO 23. 1973

 

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