Mágicas Ruinas
crónicas del siglo pasado

caldera ypf
Derrotando los prejuicios
Viaje inverosímil de una caldera que pesa cien toneladas
POR IRIS ALOCIN
FOTOS DE HERRERA.

Esta es la historia de una gigantesca turbina de 100.000 kilogramos de peso que ha recorrido media República sobre ruedas hasta llegar al destino fabril que se le tenía reservado.
Adquiridas por IAPI en los Estados Unidos, llegaron al país, con destino a los planes industriales del gobierno, varias gigantescas turbinas para distintas plantas industrializadoras argentinas; estos enormes artefactos, exponentes máximos de la moderna ingeniería, fueron adquiridos por distintas fábricas para fines específicos; una de estas turbinas, la más grande, fué reservada por Yacimientos Petrolíferos Fiscales para su gran destilería de San Lorenzo, vecina a la ciudad de Rosario, pero el inconveniente surgió cuando se pensó en la forma de trasportarla hasta su destino: por vía fluvial resultaba imposible trasladarla porque en la costa santafesina aludida existe un desnivel de más de 21 metros de barranca que imposibilita maniobrar a grúa alguna con un peso semejante.
Aquí el ingenio criollo vence una vez más a las dificultades que parecen insalvables: ¡la enorme mole de hierro y acero se trasportaría sobre ruedas!
Desde el puerto de la ciudad de La Plata, donde se encontraba la caldera, que en una chata fluvial había sido llevada desde el puerto de Buenos Aires al Dock Central platense, se inicia el viaje de esta fortaleza rodante; el riesgo es muy grande y la responsabilidad de su traslado corre por cuenta de los técnicos de C.I.T.A., una empresa criolla especializada en grandes trasportes, uno de cuyos directores, el ingeniero Schlossberg, personalmente dispone las cosas para el "raid" y con su presencia constante se viaja.
Una grúa poderosa levanta la pesada caldera de a bordo de la chata y la coloca en una plataforma con decenas de ruedas, del tipo llamado "cocodrilo” y que ha sido construida expresamente para el caso. De más está decir que el señor Schlossberg, tuvo que librar una batalla “convincente” con los técnicos viales que aseguraban que algunos caminos a recorrerse no soportarían carga semejante, al igual que algunos puentes camineros cuya construcción no previó un hecho semejante.
Pero el ingeniero Schlossberg venció tanta razón con la conocida frase del presidente Perón: "La palabra imposible nos es desconocida”. ..
Arrastrada por un tractor poderoso, la plataforma se puso en movimiento y un verdadero batallón de obreros acompañaba al raro convoy: electricistas, pontoneros y camineros, todos ellos con sus elementos indispensables.
Cuando el estado de la ruta lo exigía, los camineros reforzaban el camino, rellenando con tierra las grietas o con hormigón; otro tanto debió hacerse con algunos débiles puentes y alcantarillas y sin mayor tropiezo la fortaleza rodante, de más de siete metros de altura, siguió impertérrita su viaje que algunos vaticinaban de imposible.
Cuando se debió cruzar ejidos de pueblos o suburbios, entraron en función los electricistas, quienes armados de altas pértigas iban levantando, donde ello era factible, los cables del alumbrado o telefónicos aéreos; en otros casos fué menester cortar los hilos y volverlos a unir una vez pasada la gran turbina, todo ello ante la mirada atónita de los pobladores de todas las zonas urbanas y rurales que atravesara la "expedición” en su trayecto.
A los catorce días de haber partido el convoy del Dock Central de La Plata y tras recorrer cientos de kilómetros de caminos por la provincia de Buenos Aires y Santa Fe, sorteando toda clase de obstáculos, venciendo el grave peligro del tránsito de automotores en las rutas, la caldera viajera llegó a San Lorenzo y fué puesta en manos de los técnicos de Y. P. F. en la referida destilería petrolera estatal.

***pie de fotos***
-Varias veces fué necesario cambiar los neumáticos del “cocodrilo”, pues el peso y la fricción hacían reventar las cámaras.
-Personal especializado, mediante el empleo de “gatos”, levanta la pesadísima carga para proceder rápidamente al cambio de la goma.

Revista Argentina
1/10/1949

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