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Vamos a un corte
ATC al rojo por treinta millones y dos renuncias.
Cuando (el lunes 11 de marzo) Mario Sábato colgó en la puerta de su
despacho de gerente de programación de ATC un cartel que sugería no
hablar mal de los demás y trabajar para el bien de la empresa, algunos
veteranos empleados del elefante de Figueroa Alcorta y Tagle se
encogieron de hombros. Porque —si bien el escepticismo no es buen
consejero— tanta agua han visto correr bajo el puente, que se les hace
cuesta arriba creer en buenos y nuevos vientos. Y los hechos —por
ahora— , parecen darles la razón: ATC, con 5 de rating, marcha último
en la tabla de posiciones (cifra de abril, fuente IPSA), muy lejos del
líder (Canal 9, 12.9) y bastante del 13 (9.3) y del 11 (7.2), a’ pesar
de su alta tecnología y de su precio global, que lo instala entre los
más caros (y costosos, claro) del sur americano. Si bien es cierto que
el caso ATC se parece cada vez más a una novela por entregas, no lo es
menos que sus marchas y contramarchas tienen neta raíz política. Por
lo tanto, resulta inútil hablar de la crisis de hoy si se olvidan las
crisis de ayer. Que fueron así:
• ATC pasa de la Secretaría de Información Pública a la Secretaría de
Cultura (20/12/83). Objetivo: una tevé cultural que desterrara el
pasatismo y la chabacanería. Pilotos de tormenta: Emilio Fischer
—presidente del directorio y hombre (se dice), nombrado directamente
por Alfonsín— y Miguel Ángel Merellano, gerente general. Posición del
canal a esa fecha: primero, con 9.1 de rating.
• En marzo de 1984, ese primer puesto se convierte en último. Y desde
el sillón de Cultura), que proclama: "el rating es tramposo,
mentiroso".
• Asume Mario Sábato (11/3/85).
La primera crisis de la administración Sábato no tardó demasiado: a
fines de abril, el hijo del escritor decidió levantar el noticiero 30
Millones. ¿Razones? Los mentideros insisten en que le habría dicho a
Gorostiza: “Ese programa tiene cara de Proceso" (clara alusión al
último gobierno militar). Pero no es la única versión: otras aseguran
que hubo serios cuestionamientos a sus periodistas, a su bajo rating
—a pesar del rebote de los 12 puntos que le deja Mesa de noticias, el
noticiero apenas araña los 5.5— y a su costo, que andaría entre 6 y 10
mil dólares por día. Eso, sin contar el dinero, el esfuerzo y los
desvelos que se llevaron los seis pilotos de un nuevo noticiero que no
cuajó, y que Gorostiza controló personalmente, según testigos. En el
camino (cuentan los pasillos: todo es muy hermético en ATC) quedó En
el día de hoy un programa que encabezaría Mónica Gutiérrez y tendría
como columnistas a Pablo Mendelevich, Enrique Vázquez, Rogelio García
Lupo, Edgardo Silberkasten y Horacio Salas: un episodio que (a juzgar
por las versiones) habría agudizado las tensiones entre los duetos
Gorostiza-Sábato y Fischer-Salguero (Norberto, gerente periodístico y
miembro del directorio). Tensiones que cortaron la cuerda en la tarde
del martes pasado, cuando se confirmaron las renuncias de Fischer y de
Salguero y estalló una huelga general por tiempo indeterminado (a
cumplir dentro del Canal) del personal de la gerencia de noticias. Ese
día, 30 Millones ya no salió al aire: fue reemplazado por los esbeltos
y movedizos negros de la serie Fama, cuyas contorsiones parecen poca
cosa al lado de las que suceden en la cúpula de ATC.
Por supuesto, pensar que la crisis del Canal decano (un viejo lugar
común que todavía tienta),es una mera cuestión de puertas adentro,
sería una imperdonable ingenuidad. Hace tiempo que golpea en las
redacciones y en los oídos de cronistas políticos el disgusto que
habría en algunos sectores de los radicales históricos por el —según
ellos—,flaco apoyo de ATC al consenso del gobierno. Incluso, más de
una vez quedó en letras de molde la versión de una frase atribuida a
Alfonsín: "Parece que los noticieros patearan en contra". Y no es
todo: en los últimos tiempos retumbó con fuerza una queja que Línea
Nacional y el Movimiento de Afirmación Yrigoyenista habrían hecho oír
en los despachos del poder: el casi nulo acceso que sus dirigentes
tienen a las pantallas oficiales, y en especial a la de ATC. En las
últimas horas, cuando el conflicto tenía más de una punta, SOMOS
recorrió lugares clave de Balcarce 50 para armar el rompecabezas SIP,
Emilio Gibaja y Juan Radonjic (ver nota en página 16). En uno de esos
despachos —de alto nivel, claro—, el periodista pudo anotar estas
reflexiones: "Aunque no lo crea, uno de los motivos del alejamiento de
Gibaja fue el conflicto en ATC. La cuestión ya amenazaba con
convertirse en un caldero hirviente que salpicaría al Gobierno. En ATC
había desorden v descontento, llovían las críticas de todas partes, y
era imprescindible restablecer el principio de autoridad' La pregunta
siguiente caía de madura:
—¿Mejorará el panorama con Radonjic?
—Estoy convencido.
A esa hora, los profesionales del buceo político que rondaban las
cercanías de la Rosada tenían algo en claro: a siete meses de las
elecciones, y con cifras de consenso en baja (ver nota de tapa), la
función de la SIP empieza a ser decisiva. Así las cosas, es necesario
conjurar cualquier tormenta en los canales del Estado ("El 13 y el 11
están muy lejos de ser privatizados", oyó decir SOMOS), y sobre todo
en ATC, sin duda el más poderoso medio disponible. Ajinar la puntería
y disparar sin pausa es una de las tareas que pesan ya sobre la
espalda de Radonjic. Una tarea que, sin duda, obligará a cambios de
fondo en ATC que —al cierre de esta edición— todavía no se
vislumbraban: no había nombres para ocupar el sillón que dejó Fischer,
y apenas apuntaba el nombre del periodista Luis Domenianni (director
de Radio Nacional y militante radical) para empuñar la gerencia de
noticias.
Alfredo Serra
Informes: Luis Pedro Toni y Fernando Puente
Somos, 10.05.1985
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