Mágicas Ruinas
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Encuentros lejanos
Nuevos mundos, viejo enigma: ¿estamos solos?

Darwin y Freud pusieron nerviosa a media humanidad. Einstein dio lo propio y se calmó tocando el violín. Herido en su buena fe, el Pithecantropus Erectus tomó asiento. “Somos poca cosa y de yapa estamos solos”, dicen que dijo. El chiste es de Carl Sagan, uno que escudriña el espacio con esperanzas. En fin, por el momento nada rebate la posibilidad de que tengamos vecinos galácticos. La Tierra es un granulo ignoto si se lo observa desde Alfa Centauro, que es la parada más próxima a nuestro sistema. Que no nos vean no significa que no existamos. A la inversa, es lo que opinan Donald Mac Carthy, Ronald Probst y Frank Low, astrofísicos a los que la prensa norteamericana llamó alguna vez Los Tres Chiflados. Y esto, porque en menos de dos años el trío descubrió un planeta nuevo y nada menos que cinco sistemas solares. Boquiabiertos, hoy los círculos científicos y los aficionados de todo el mundo callan y especulan: “¿Estaremos a punto de hollar el enigma de la vida en otros mundos?”
Low, Probst y Mac Carthy bautizaron VB-8B al planeta desconocido, que está muy lejos en el Cosmos y luce bullanguero, como todo recién nacido: pequeño, caliente y lleno de gases. Y pesado, porque es más chico que Júpiter pero muchísimo más denso. Este VB-8B danza alrededor de una estrella de la constelación Oficus, a 21 años-luz de la Tierra. Recuérdese, en todo caso, que un año-luz equivale a la distancia recorrida en un año por la luz, y que ésta avanza a razón de 300.000 kilómetros por segundo. En resumen: VB-8B queda muy pero muy lejos. En cuanto a los cinco sistemas solares, lo único confirmado es que son tan embrionarios como el VB-8B. Y que los astrofísicos, con sus gigantescos telescopios, están cazando mundos de cuya existencia no teníamos ni idea.
El alerta fue dado en 1983 por los astrónomos del gran observatorio hawaiano: a 500 años-luz, en la constelación Taurus y alrededor de una joven estrella llamada HL-Tau, giraba un extraño polvo estelar. Ahora sabemos lo que es: un disco de millones de partículas que se conjugan. Un sistema solar en gestación Lo mismo ocurrió con nuestro Sol hace algunos miles de millones de años. Los japoneses del observatorio Nobeyama localizaron, a su turno, un anillo de polvo alrededor de una estrella de la constelación Orion. Y el satélite artificial Iras, que completó su ciclo útil en noviembre del '83. descubrió y dibujó en un mapa celeste no menos de 40 estrellas envueltas en nubes de gas y polvo. El acecho de señales inteligentes en el Universo ya no es ciencia-ficción, sino ciencia.
Los datos del Iras permitieron, en octubre último, el milagro de poder fotografiar, por primera vez, a una estrella nueva y su correspondiente séquito de polvo. Se llama Beta Pictoris, y entre las partículas que forman su corte podría haber desde asteroides y lunas hasta planetas enteros. Asistimos así, a 50 años-luz de distancia, a la primicia de un parto galáctico. Tan sorprendente como la opinión de Hubert Reeves, astrofísico y autor de los best-sellers Polvo de estrellas y Paciencia en el azul. “Todo hace pensar en un sistema solar semejante al nuestro —dice Reeves—, pero nosotros no conocemos más que el prólogo y el final de la historia. Tengo la impresión, de que ahora nos asomamos a la creación misma". Y el asombro continúa: “Sin embargo, nada permite afirmar que esa nube dará obligatoriamente planetas. La evolución puede detenerse”.
Si hay vida más allá de nuestro sistema, ¿quién lo sabe? Por el momento, las versiones de Encuentros cercanos del tercer tipo o E.T. son una réplica imaginaria a la novísima sensación de soledad que experimentamos al mirar las estrellas. Más allá de esta ingenua defensa los astrofísicos han inaugurado una nueva etapa de optimismo. Y eso influye en la cultura social. No en vano, durante los años 50, los marcianos eran siempre invasores, mientras que hoy son seres luminosos, paternales y bellos, a juzgar por los testimonios y las películas. En el estricto terreno de la ciencia. Beta Pictoris es la pancarta que proclama: “Tal vez no estemos solos”.
Raúl García Luna
Danielle Raymond (París)
Revista Somos
15.02.1985


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