Mágicas Ruinas
crónicas del siglo pasado
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| OPTICA La revolución de la línea blanda Seguramente cuando en 1537 Leonardo Da Vinci volcó por primera vez en un diseño el concepto de las lentes de contacto, estaba muy lejos de imaginar hasta qué punto llegaría el perfeccionamiento tecnológico en la materia. Y es que aun para una imaginación febril como la del notable inventor resultaría difícil aceptar que podría corregir todos sus problemas de visión con la simple aplicación de una lente minúscula que se adhiere con notable flexibilidad a la córnea y tiene la apariencia de un pedazo de papel celofán. Sin embargo, el sistema existe, ha sido descubierto y perfeccionado en los últimos años y se ha constituido en una verdadera revolución en el campo de la óptica. La aparición de las lentes de contacto blandas son el resultado de un mejor conocimiento del ojo, un refinado avance de la química y de los procesos de fabricación que hace posible que el plástico utilizado sea tan compatible para hacer lentes do contacto como venas y válvulas artificiales para el corazón. Para Tomás Pförtner, gerente técnico de Pförtner Cornealent, la lente blanda es mucho más importante desde el punto de vista correctivo, amplía el campo visual a lo normal y en casi todos los casos se obtiene una notable mejoría en la agudeza de la vista. El técnico señala que en una primera etapa se experimentaba mucho sobre el ojo con las consecuentes molestias' y lentitud de procedimientos, ahora se ha perfeccionado la medición hasta lograr una perfecta adaptación de la lentilla correctiva a la córnea, un proceso que se ha acelerado notablemente en los últimos diez años y que trae consigo una verdadera conquista, la permeabilidad gaseosa y la permeabilidad a la lágrima. Esta es otra de las virtudes de las “blandas" que otorga comodidad y seguridad fisiológica al ojo. Pförtner trabaja actualmente con lentes blandas hidrofílicas (absorben agua), de procedencia estadounidense “Soflens” y alemana "Waicon”, esta última fabricada localmente, especialmente apta para la práctica de deportes, incluso la natación. Las nuevas Waicon se elaboran con un novedoso material desarrollado por las universidades alemanas de Bonn, Mainz y Marburg y el departamento de investigación de Pförtner Cornealent. Poseen una gran elasticidad, resistencia y un alto índice de trasparencia, lo que unido a su capacidad de adaptación a la córnea, proporciona lentes en todas las gradaciones, salvo en astigmatismos mayores a 2,5 dioptrías. Pese a sus logros, la empresa no descuida la investigación, una de las pivotes básicas del éxito de sus resultados y encara actualmente estudios sobre lentes de caucho de siliconas en forma conjunta con el Instituto Nacional de Tecnología Industrial y la Fundación Oftalmológica Argentina. UN SERVICIO PROFESIONAL. El mercado de las lentes de contacto tiene proyecciones excelentes. Tomás Pförtner estima que se trata de una población con temperamento europeo y un nivel de vida que comparativamente a otros países latinoamericanos sigue siendo bueno. Para el entrevistado de Panorama, los 80.000 pesos viejos que suele costar una lente rígida del último tipo, no significan una erogación excesiva si se tiene en cuenta que a cambio se les facilita todo el proceso de adaptación de la lente, un servicio profesional permanente y un servicio de reposición de la unidad o el par cuando es necesario. Si bien la mujer predomina entre los usuarios se nota paulatinamente un mayor acceso del hombre, consciente de que la lente de contacto no es solamente un medio de corrección estética, sino una inestimable ayuda para ver bien. Desde luego no faltan las frivolidades; sin embargo, los casos son los menos y se adjudican normalmente a artistas o modelos que cambian el color de sus ojos. Pana un futuro mediato, una etapa tal vez lejana, Pförtner prevé el reemplazo total de los anteojos convencionales por las lentes de contacto. "De cualquier manera —afirma— falta mucho tiempo para ello”. No obstante su uso se populariza cada vez más. En Francia, por ejemplo, un promedio de 25.000 personas reciben anualmente lentes de contacto y se venden 10 millones de cristales para anteojos por año, de gradaciones que corresponden a defectos de la visión que requieren su uso constante. Teniendo en cuenta distintos factores se puede afirmar que anualmente 4 millones de personas con visión viciada son provistas de anteojos. Si se presume que mediante las lentes blandas un 10 por ciento de estas personas de visión viciada —es decir 400.000—. pueden convertirse en usuarios del correctivo, la expansión de las lentes de contacto '‘blandas" para el futuro se, ría del orden de 1.600 por ciento. LA REVOLUCION BLANDA, Al margen de los pronósticos, es evidente que una verdadera revolución se halla en marcha. Una lente blanda, permeable inocua y de excelente trasparencia, que puede ser fabricada para cada caso en particular, está siendo adquirida por un número cada vez mayor de usuarios deseosos de una perfección a la que la técnica los ha acostumbrado. LAS DOS ERAS. Manuel de Choch, titular de Bausch y Lomb es categórico. "En lentes de contacto —afirma— hay que hablar de dos eras, antes y después del "blando”. Anteriormente una lente de contacto ya sea de plástico o cristal se constituía en un cuerpo extraño dentro del ojo humano. La aparición del nuevo plástico, que los químicos denominan Hema y que por su forma de centrifugado encuentra una importantísima aplicación en las lentes de contacto, hace posible que estas que cubren un poco más que la córnea se adapten al ojo, en vez de ser el ojo el que deba adaptarse a la lente”. De Choch apela un poco a la historia para llegar luego a sus conclusiones sobre el éxito de la denominada "Revolución blanda”. Recuerdo que en 1887 un fabricante de anteojos llamado F. A. Muller colocó la primera concha de vidrio sobre un ojo sin párpado. Un año después un óptico francés llamado Kalt descubrió el principio básico de las lentes corneales y descubrió que la tensión superficial creada por la humedad natural del ojo podía sostener un disco de cristal húmedo y de forma adecuada en su lugar. La teoría era correcta pero el cristal que se utilizó entonces era demasiado pesado. Finalmente en 1948 un técnico de Los Angeles llamado Kevin Tuohy descubrió que el plástico trasparente liviano que era usado para lentes esclerales podría funcionar en forma efectiva como una lente de contacto que cubriera solamente la córnea. (Las lentes, esclerales cubren tanto la parte de color como la blanca del ojo.) Estos fue-, ron pasos previos para la denominada lente de contacto dura que se usa actualmente. Al finalizar la década del 50 Otto Wichterle, de Checoslovaquia, comenzó a experimentar con un polímero hidrofílico único y de sus experiencias con Hema surgió la nueva lente de contacto blanda. Fue en 1966 recuerda De Choch cuando Bausch y Lomb de Rochester, Nueva York, obtuvo los derechos exclusivos para producir y distribuir los denominados Soflens en los Estados Unidos y derechos no exclusivos para distribuirlas en muchas otras partes del mundo. UNA CONJUNCION DE ESFUERZOS, La fabricación de esta nueva clase de lentes de contacto involucra una conjunción de esfuerzos y conocimientos de químicos, ingenieros y profesionales de la industria óptica. De Choch habla con entusiasmo sobre las características de la nueva lente, elogia su flexibilidad, su rápida y efectiva adhesión al ojo y su propiedad de absorción del agua. En su estado de hidratación la lente de contacto puede absorber hasta el 38,6 por ciento de su peso en agua y trasmitir ópticamente más del 98 por ciento de la luz que le llega. "Todos estos elementos —dice De Choch— explican el entusiasmo de la gente por la nueva lente blanda y el porqué de la revolución”. La motivación del auge, según nuestro entrevistado debe buscársela también en un deseo natural de la gente a quitarse los anteojos, ya sea porque incomodan o bien por coquetería, como parece ocurrir con un noventa por ciento de los miopes que utilizan cristales gruesos. La aparición de los "blandos”, ha hecho renacer las esperanzas de aumentar un mercado potencialmente muy rico (se calcula en 3 a 4 millones la cantidad de argentinos que tienen problemas de visión). De cualquier manera para Bausch y Lomb las cosas son muy gratificantes: su volumen de ventas total entre anteojos tradicionales y lentes de contacto asciende a 2.500 millones de pesos anuales y exporta actualmente a Bolivia, Paraguay y Uruguay. ♦ PANORAMA, JUNIO 28, 1973 |
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