Mágicas Ruinas
crónicas del siglo pasado

Lenin
Lenin: Una herencia polémica
Hacia el atardecer del 21 de enero de 1924, en la localidad de Gorki, moría, sin cumplir 54 años, Vladimir Ilich Ulianov, más conocido por el nombre de Lenin. Creó un partido que hizo el primer Estado socialista del mundo. Pero antes de morir supo que el andamiaje estaba corroído.

Un gran hombre condena a los otros a explicarlo (Hegel).


"Acta Nº 25. Reunión del comité central del 10 de octubre de 1917 (23 de octubre según el calendario gregoriano). Presentes: Lenin, Zinoviev, Kormenev, Trotski, Stalin, Sverdlov, Uritski, Dzerzhinski, Kollontay, Bubnov, Sokolnikov, Lomov (Oppokov). Presidente: Sverdlov. Orden del Día: El frente rumano; los lituanos; Minsk y el frente del Norte; la situación actual; congreso regional; retirada de las tropas.”
"4. Hace uso de la palabra sobre la situación actual el camarada Lenin. Hace constar que desde comienzos de septiembre se observa una cierta indiferencia hacia el problema de la insurrección. Y esto es inadmisible si planteamos seriamente la consigna de ‘todo el poder para los Soviets'. Por eso, hace ya tiempo que debíamos prestar atención a la parte técnica del problema. Ahora parece que se ha dejado pasar mucho tiempo. (...) La mayoría está ahora con nosotros. Políticamente, la situación es completamente propicia para la toma del poder.”
‘‘Se toma la siguiente decisión: El comité central reconoce que tanto la situación internacional de la revolución rusa (sublevación de la flota alemana, manifestación extrema de progreso de la revolución socialista mundial en toda Europa y amenazas de una paz imperialista, con el fin de sofocar la revolución en Rusia) como la situación militar (la indudable decisión de la burguesía rusa y de Kerenski y compañía, de entregar Retrogrado a los alemanes), la conquista de la mayoría de los soviets por el partido proletario, el levantamiento campesino y el giro de la confianza popular hacia nuestro partido (las elecciones de Moscú) y, finalmente, la evidente preparación de una nueva aventura de Kornilov (alejamiento de las tropas de Petrogrado, concentración de cosacos cerca de Petrogrado, cerco de Minsk por los cosacos, etcétera), coloca a la orden del día la insurrección armada”.
"El comité central hace constar que la insurrección armada es inevitable y propone a todas las organizaciones del Partido guiarse por ello y desde este punto de vista discutir y resolver todos los problemas de orden práctico (el congreso de los soviets de la región del norte, las intervenciones de los habitantes de Moscú y de Mins, etcétera)."
“Diez miembros se pronuncian a favor de la decisión y dos en contra. El camarada Dzherzhinski propone crear, para garantizar la dirección política en los días venideros, un buró político constituido por miembros del comité central. Luego de un intercambio de opiniones, se acepta la proposición. El buró político es creado y comprende a siete camaradas (comité de redacción, más dos personas, más Bubnov). Se plantea después la cuestión de la creación del buró político del comité central. Se decidió formar el buró con los siete camaradas siguientes: Len(in), Zin-(oviev), Kam(enev), Tr(ostki), Sta(lin), Sok(olnikov), Bub(nov). (La resolución fue propuesta por Lenin; Zinoviev y Kamenev votaron en contra y siguieron sosteniendo sus posiciones).”
El documento transcripto, que es la parte sustancial de lo resuelto por la dirección del partido que entonces se llamaba Partido Obrero Social Demócrata Ruso (POSDR), fue producido 15 días antes del hecho mundialmente conocido como Revolución de Octubre (según el calendario juliano, vigente en Rusia hasta el triunfo de esa revolución, el movimiento se produjo el 25 de octubre, día que corresponde, en el actual calendario, al 7 de noviembre).
Apenas tres días antes de esa reunión Lenin había regresado a retrogrado —donde entró ilegalmente—, desde Vyborg, lugar en el que se ocultaba. Habían sido sus compañeros del comité central quienes decidieron, en una reunión habida el 3 (16) de octubre de 1917, que Vladimir Ilich (Lenin) ingresara en esa ciudad: "Se decidió proponer a Ilich que resida en Piter (Petrogrado) para tener la posibilidad de establecer un vínculo continuo y estrecho”.

LENIN EN MINORIA. Sin embargo, pocos días antes —el 15 (28) de septiembre de aquel año— el jefe de la revolución bolchevique estaba aún en minoría en el seno del comité central. En esa fecha, desde su residencia clandestina en Vyborg, había enviado una carta-proposición al comité central del POSDR y a dirigentes de Moscú y Petrogrado (ciudad que actualmente se llama Leningrado),
instándolos a resolverse por la insurrección: "Se trata —argumentaba— de que la tarea sea clara para el partido. Poner en el orden del día la insurrección armada en Petrogrado y Moscú (con sus provincias), la conquista del poder, el derrocamiento del gobierno. Hay que hallar el modo de hacer propaganda en favor de esto, sin expresarlo abiertamente en la prensa”. Pero los integrantes de la dirección partidaria resolvieron lo siguiente: "Los miembros del comité central que funcionan en el seno de la organización militar y en el comité de Petrogrado están encargados de tomar medidas contra eventuales manifestaciones en los cuarteles y en las fábricas”. En esa misma reunión Kamenev había redactado una moción por la que se rechazaban los términos de la carta de Lenin y se instaba a las organizaciones del POSDR a "no seguir más que las directivas del comité central”. La proposición de Kamenev no fue aprobada.
La Revolución de Octubre, que señala la fecha de nacimiento del primer Estado socialista del mundo, es el momento culminante de un proceso cuya velocidad se incrementó en progresión geométrica desde febrero de ese año de 1917. Fue entonces que se instaura un gobierno democrático, previo derrocamiento del zarismo. El partido bolchevique, todavía con escaso consenso entre los obreros y campesinos de toda Rusia, decide evitar aventuras y actitudes que pudieran marginarlo. Por esa razón lleva representantes a los nuevos cuerpos legislativos, que le sirven de excelente tribuna para catapultar las ideas de la revolución socialista. Contemporáneamente refuerza los soviets de obreros, campesinos y soldados, que meses después serán la columna vertebral del flamante Estado.

POLEMICAS. Esos ocho meses que dura el gobierno de Kerenski encuadran las más difíciles polémicas entre los revolucionarios y las diferentes ópticas acerca de la oportunidad de pasar a la ofensiva definitiva, agudizan la tensión entre los "centristas”, "derechistas” e "izquierdistas” de ese comité central comunista. Porque se trataba nada menos que de definir, cada día, el nivel a que habían llegado "las condiciones objetivas y subjetivas” para el asalto del poder. En julio de ese año Lenin había conseguido que el POSDR defendiera al gobierno de Kerenski de los ataques de que era objeto por parte de la "derecha blanca” liderada por Kornilov. Los bolcheviques optaron en esa oportunidad por la defensa de las formas "democrático-burguesas”, aunque sin apoyar políticamente a Kerenski. Pero entre fines de agosto y mediados de septiembre se habían realizado elecciones en los soviets de Moscú y Petrogrado, que permitieron a los bolcheviques controlar esos consejos revolucionarios-deliberativos. El 12 de agosto una gran huelga obrera sacudió a la capital rusa. Para el criterio de Lenin tales hechos indicaban que las "condiciones objetivas” estaban dadas. Por tal razón instaba, desde la clandestinidad, a llamar orgánicamente a la insurrección. No obstante, cuando en julio los obreros de Petrogrado gestaron manifestaciones armadas, apoyados en 40 mil fusiles, fue el mismo Lenin quien consiguió detenerla. Pensó —los hechos posteriores mostraron que con razón —que en julio aún no existía el clima necesario, ese mismo clima que ya advertía en septiembre. En cuanto a las otras condiciones, las "subjetivas” —el jefe bolchevique definía a éstas como la existencia de un adecuado nivel de voluntad revolucionaria y de un grado de organización partidaria adecuado a esas circunstancias—, Lenin escribía a sus compañeros del comité central en septiembre: "¿Que no disponemos de un aparato? El aparato (revolucionario) existe: los soviets y las organizaciones democráticas”. Pocas líneas antes, ese texto reza: "Recordar, meditar acerca de las palabras de Marx: "la insurrección es un arte”.
En el ejercicio de ese riesgoso, resbaladizo arte que le permitió encabezar el nuevo poder desde el cargo de Presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo, Vladimir Ilich evidenció una formidable capacidad de adaptación a las circunstancias, sin abandonar en ningún momento su brújula doctrinaría, es decir, la metodología marxista para entender con la que encaró la historia y la cuestión del poder. En esto Lenin fue inflexible. Nunca dejó de sostener que una revolución se concreta con la participación de los sectores más explotados de la sociedad, así como tuvo constantemente presente la importancia decisiva que tiene el control del poder. Tampoco abdicó de la concepción según la cual el socialismo sólo podrá ser tal cuando se convierta en un sistema mundial. Sin embargo, fiel a las conclusiones teóricas de Marx, Lenin insistía en que la toma del poder por los socialistas revolucionarios no necesariamente iría a producirse en todos lados al mismo tiempo. Fue Stalin quien, con posterioridad a la muerte de Lenin, escribió que éste concebía a la llamada "revolución mundial” como un proceso que debía producirse simultáneamente en todo el globo. A partir de esa modificación del criterio de Ilich, a Stalin no le resultó difícil demostrar que la revolución mundial era impracticable y que por lo tanto sólo quedaba abocarse a la tarea de construir el socialismo en el país donde la insurrección había triunfado.
No obstante, la agudeza del jefe revolucionario ruso vuelve a tener una prueba en el hecho, precisamente, de no haber postulado la postergación del alzamiento a la espera de estallidos similares en el resto del mundo. Y ello pese a que Lenin conocía que en otros países europeos, Alemania en primer lugar, los dirigentes comunistas tenían un mayor grado de madurez teórica y organizativa de sus colegas rusos. Por ello no debe extrañar que antes de la Revolución de Octubre sostuviera que si bien la toma del poder resultaría "más fácil” que en Alemania, "'va a ser más difícil hacer la revolución” en razón —sostenía— de la escasa tradición política de la sociedad rusa. Pese a las reservas que tenía respecto a las alternativas futuras del gobierno surgido del asalto al poder, no dudó un minuto en lanzarse a ese asalto cuando creyó ver la oportunidad que, como en todos los procesos social-políticos, siempre suele ser única.

DOS ETAPAS. Otro de los dirigentes de aquella gesta —León Trotski— sostuvo después que la clandestinidad en que vivía Lenin le hizo pensar que el movimiento debía comenzar en Moscú, porque allí sería menos cruento. Trotski, quien fuera comisario del pueblo para las relaciones exteriores, mostró que era más simple atacar primero en Petrogrado, donde la insurrección triunfó en dos etapas: en la primera quincena de febrero, época en que los regimientos decidieron someter las órdenes de la jerarquía militar al criterio de los soviets, y el 25 de octubre, "cuando ya no se requería más que una pequeña insurrección complementaria para abatir al gobierno de Febrero”. Así fue y, efectivamente, en Moscú el alzamiento fue mucho más cruento y difícil. Lenin, más aferrado a las verdades de la realidad que a las conclusiones producidas por deducción teórica, nunca criticó la fructífera opción adoptada por sus compañeros del comité central. “Por supuesto —dice Trotski—, aun con el plan de Lenin, no se hacía imposible la victoria; pero resultó mucho más económico, mucho más ventajoso el curso que siguieron los acontecimientos y deparó una victoria más completa”.
Las previsiones de Lenin acerca de las dificultades que presentaba Rusia para desarrollar una revolución no tardan en concretarse. En enero de 1921, unos dos años después del atentado perpetrado contra él por la socialrevolucionaria Kaplan —le acertó cinco disparos—, Ilich ya advertía que "hay que tener el valor de mirar de frente la amarga verdad: el partido está enfermo”; "el Estado obrero es una formulación teórica: en primer lugar, tenemos, de hecho, un Estado obrero con la particularidad de que en el país no predomina la población obrera, sino la campesina; en segundo lugar, un Estado obrero con una deformación burocrática". A esa enfermedad, que se hizo crónica en el Estado soviético, se sumó la del jefe de la revolución. En diciembre de 1922 sufrió el primer ataque cerebral, que le paralizó la mano y la pierna derechas. Desde entonces dictaba a un equipo de secretarias sus resoluciones, apreciaciones y apuntes. Uno de ellos, dictado el 23 de diciembre, que él llamó “Carta al Congreso”, se conoció más tarde como el "Testamento de Lenin”, el mismo que luego sirvió a Nikita Kruschev para derruir el mito Stalin. En esa carta hay una semblanza crítica del hombre que pretendió salvar la "dictadura del proletariado” zambulléndose en un remolino administrativo-represivo que sólo acentuó el costado burocrático del primer Estado socialista del mundo.
PANORAMA, ENERO 24, 1974
 
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