Mágicas Ruinas
crónicas del siglo pasado

guerra laser
El día antes
La “Star war” le devolvió la ofensiva a los Estados Unidos frente a Rusia.

El equilibrio del miedo, la multiplicación de los arsenales atómicos para disuadir un posible ataque por el poder de represalia, dio lugar a vanas obras de “anticipación" tremendista y produjo uno de los impactos televisivos más estremecedores con "El día después’.
La reiterada vocación declamada por la paz. acompañada por el incremento de cabezas nucleares con poder más que suficiente para hacer pedazos el planeta Tierra, es el coro monótono que acompaña el belicismo vergonzante. Por supuesto que todos se arman “para defenderse” y ninguno para atacar. Pero las armas están y el miedo no es zonzo. El grado de sofisticación llevó hasta la “bomba neutrónica”, capaz de matar sin destruir los edificios. Idealmente pensada para Europa preservando sus monumentos para conjeturales sobrevivientes
Paralelamente, como surgido de la ciencia-ficción más que de la crónica periodística, fue tomando mayor cuerpo la llamada "Guerra de las galaxias” o "Star war”. Así se rebautizó una nueva sigla de seguridad: IDE (Iniciativa de Defensa Estratégica) para dar circulación popular a una de las ideas más vigorosas e imaginativas del presidente Reagan en 1983, para contratacar luego de la resignación con que parecía Estados Unidos aceptar las crecientes ventajas relativas de la Unión Soviética. ¿De qué se trataba? De un paraguas anti-misiles ubicado en el espacio exterior para impedir cualquier ataque destruyendo los proyectiles enemigos en su viaje, pero lejos de sus blancos. En lugar de “El día después” y su fúnebre sombra, el “día antes”, preservando las ciudades y las poblaciones. haciendo innecesaria la represalia. Edward Teller (refugiado húngaro de los nazis, uno de los propulsores del proyecto de la bomba atómica, y padre de la bomba de hidrógeno) es uno de los cerebros que trabajan en armas espaciales anti-nucleares. Este científico dijo en la Universidad de Stanford a Tiempo de Madrid: “Nuestro programa está en marcha y saben que la tecnología que lo respalda es ya algo real y eficaz y que les llevamos una considerable ventaja en ese terreno. Saben que no es una fantasía. Los rusos saben que sus misiles quizá pronto no valgan más que un montón de chatarra”.
No es una casualidad que la Unión Soviética, luego del portazo que dieron el año pasado en las reuniones de desarme en Ginebra, ahora hayan aceptado volver a conversar sin exigencias previas pero insistiendo en que se incluyan en la agenda “las armas espaciales”.
Paradojalmente, o no tanto, los rusos le tienen más fe a las posibilidades de la ciencia norteamericana que muchos de sus compatriotas. La cosa no es fácil. Ni siquiera para bocetarla. Hasta tal punto que en estos momentos se contrataron diez equipos de estudios de la industria aeroespacial para ajustar el diseño de la idea. El proyecto tiene una financiación prevista de 26 mil millones de dólares en cinco años. En 1985 se invertirán 1.400 millones de dólares en trabajos a cargo de 100 personas permanentes, a órdenes del teniente general de la Fuerza Aérea James Abrahamson y proyectos de investigación encomendados a empresas particulares o institutos oficiales.

¿Tecnología o ficción?
Se trata de ubicar en el espacio un equipo que pueda destruir los misiles atacantes con el uso de láser, rayos de partículas neutras, los llamados “rail guns” que pueden disparar pequeñas bolitas a altas velocidades. El láser sería la mejor respuesta por el momento, pero consume grandes cantidades de energía y sumaría al proyecto la dificultad de ese abastecimiento. Otra alternativa sería usar la plataforma espacial como espejo para informar a los láser de tierra que entonces operarían. Como el conocimiento tecnológico es la principal herramienta estratégica, los especialistas toman en cuenta que si bien la Unión Soviética está a la par de los Estados Unidos en la producción de láser de gran energía y en la solución de su adecuado manejo, están en inferioridad especialmente en computadoras.
El momento más adecuado para destruir al misil es en la fase de su lanzamiento. Durante menos de 5 minutos, al salir de su silo, están las 10 cabezas nucleares juntas, comprimidas. Luego se desprenden de manera separada con sus señuelos y el blanco se hace más difícil. El tercer momento es al penetrar nuevamente en la atmósfera, cuando los señuelos se destruyen y están próximos a su objetivo.
Abrahamson se tiene mucha confianza: hace poco tiempo, utilizando un misil con sensor infrarrojo interceptaron a un misil Minuteman que hacía las veces de atacante enemigo. Hablando para Time, el militar que había sido uno de los que desarrolló el bombardero jet F-16 en los años '70. se mostró orgulloso: “eso es unas diez veces más complicado que darle con una bala a otra bala. Simplemente increíble”.
Por ahora el 1DE no pasó del papel aunque ya golpeó con preocupación en el Kremlin. Sus críticos dicen que es una posibilidad muy remota y que no se puede tener en cuenta. O que entorpece seriamente cualquier posibilidad de acuerdo de desarme con la Unión Soviética. Sus defensores lo ven factible y eficaz y se apoyan en la confianza que tienen en las fuerzas de la inteligencia y su capacidad creadora. Después de todo “Star war” es una película norteamericana.
Martín Garrido
(Corresponsalía en Nueva York)

-recuadros en la crónica-
Damocles: el misil
Durante media hora, el viernes 11 de enero, cientos de europeos vivieron una pesadilla: las líneas de alerta del sistema defensivo de la OTAN dieron cuenta del estallido de un misil Pershing-2. creado para transportar una ojiva nuclear de 20 kilotones. en su emplazamiento de Waldheide. cerca de Heilbronn en el sudeste de la República Federal Alemana.
Entre el anuncio y la aclaración de que nada grave había ocurrido —aparte de la muerte de tres soldados norteamericanos que participaban en las descargas del cohete de 10 metros de largo, 7 toneladas de peso y dos pisos de combustible sólido—. transcurrieron los 22 minutos mas largos de mi vida". como admitió el general norteamericano Raymond Haddock. responsable de los cohetes Pershing-2 que son instalados actualmente en Alemania Federal.
"Por poco nos encontrábamos metidos en un filme de ciencia ficción del tipo “Doctor Insólito’, porque la primera noticia era poco clara y mencionaba simplemente el disparo o estallido de un Pershing-2, un arma apuntada hacia la Unión Soviética y que sólo tarda de 7 a 11 minutos en alcanzar su blanco, con un error máximo de 30 metros", fue el aliviado comentario. El accidente, que se produjo poco después del mediodía, despertó buena dosis de pánico en la base aérea de Waldeheide. destinada a albergar 36 cohetes divididos en cuatro baterías, todos apuntados hacia la Unión Soviética.
Osvaldo Ciezar
(Corresponsal en Francia

El Rojito
Los criptólogos del Pentágono lo Human "Red Bear" (Oso Rojo), o más familiarmente "Reddy'' (Rojito). pero en realidad es algo de cuidado porque se trata de un proyectil antisatélite que el Kremlin mantiene ultrasecreto. El as en la manga para las tratativas de Ginebra. La ironía de los criptólogos del Pentágono es proverbial: al bombardero naval japonés de la Segunda Guerra, el Mitsubishi de alas plegables para portaaviones, lo denominaron con el romántico apelativo de "Betty' .
"Reddy'' es un proyectil de la categoría del SS-23. es decir, de alcance medio, con
una bomba de neutrino accionada por rayos láser o por simple impacto térmico, que los científicos de Baikonur también están desarrollando para contrarrestar la acción de los satélites espías de Washington. Oficialmente, los militares soviéticos niegan su existencia; es más. algunos ni siquiera la conocen. La pregunta de los expertos de Washington es si "Reddy'' es operable. Hasta ahora, ninguno de los satélites espías fue destruido y por lo tanto aún estaría en fase de experimentación.
Eduardo Gómez Ortega (Corresponsal en Italia)

Revista Somos
25.01.1985
 

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