Mágicas Ruinas
crónicas del siglo pasado

qué está pasando?
dictadores lanusse y levingstonEL PAIS
¿QUE ESTA PASANDO?

Para los argentinos, testigos de una irrefutable realidad histórica, el Presidente de la República y el Comandante en Jefe del Ejército serán —mientras la tradición no demuestre lo contrario— los intérpretes permanentes de un contrapuntístico dúo de poder.
El domingo 31 por la noche, después de despedir a los navegantes que partieron hacia Río, los timoneles del Gobierno militar se citaban nuevamente.
Si bien el encuentro estaba lleno de presagios —todos temían las temperamentales reacciones de Levingston y Lanusse—, había también sobrados indicios de que aceptarían un entendimiento amistoso.
Los observadores evaluaban estos signos:
•Está muy fresco el 8 de junio como para dar al país, y al mundo, el espectáculo siempre deplorable de un nuevo golpe militar.
•Levingston había levantado las banderas nacionales y populares que muchos de sus camaradas esperaban; en esas circunstancias, desplazarlo oscurecería los motivos reales de la decisión.
•Las Paritarias —incógnita aún no develada— pueden terminar siendo una bomba de tiempo para el Presidente que gobierna.
•A la hora de los destinos, Alejandro Lanusse movió las piezas con cuidadosa precisión; colocó al frente de los puestos claves hombres que aseguraran la homogénea cohesión del Ejército, que conviene mantener en tiempos difíciles para la Revolución Argentina.
•Las ideas populistas no han prendido aún como para arriesgar un apoyo gremial o político capaz de nuclear fuerzas significativas alrededor de sus voceros oficiales.
Ningún observador podía negar, sin embargo, criterios distintos sobre la marcha del proceso, en particular las pautas políticas; a Levingston le asignan un horizonte inmediato: definir, profundizar la Revolución antes del desemboque institucional que han prometido los militares; a Lanusse se le atribuye mayor apremio por sentar bases políticas, democráticas, simultáneamente con las pautas revolucionarias. Si la coyuntura es favorable —entiende el Comandante—, el tiempo se acorta; para Levingston hay que forjar, antes, bases sólidas, económico-sociales.
Iban a prologar la reunión en Olivos otros pasos del Presidente: el 27 por la noche, invitó a sus camaradas de promoción (Viviani Rossi, José M. Díaz, Sánchez de Bustamante, entre otros generales) y en días siguientes congregó, también en la quinta, a gremialistas no alineados y secretarios de sindicatos (Roque, Rachini y Castillo).

LOS PESPUNTES ECONOMICOS
La desplumada Susana Giménez entornó los ojos, dio un lento medio giro con sus pantalones ajustados y susurró: “Esto es Compre Nacional”; luego, una voz en Off, mientras la modelo más sexy del video desparramaba sus curvas, explica en qué consiste la ley, que da prioridad a las empresas argentinas en las compras por el Estado. Es uno de los pivotes de la nueva ola nacionalista que se alza desde Economía.
La idea es de los popes que asesoran a Ferrer; cuentan, además, con Chunchuna Villafañe y otras celebridades para una tanda que debe popularizar el Compre; no es fácil, pero el Gobierno intenta: si la gente comprende esas medidas, aparentemente áridas, habrá entusiasmo para fundar una mística política. En tanto, una abultada partida de millones debía aceitar la campaña “Argentina es de los Argentinos”, que puede florecer esta semana con la lluvia de estrellas.
Sin embargo, tantos ímpetus, que en la cronología política parten del espaldarazo de Alende al Ministro de Economía y de la denuncia simultánea de una conjura de los monopolios para derrocar a Levingston, el viernes 22 (Nº 417), regaban la semana de sospechas, conjeturas, trascendidos y rumores.
El 25, periodistas de la cbs pedían, a Ferrer, definiciones para ser propaladas en USA. Respondió el Ministro: “La empresa extranjera cuenta con seguridades jurídicas en el país, pero debe adecuarse a las pautas del desarrollo nacional; sin duda —añadía— cierta mecánica de las grandes corporaciones internacionales entraña un peligro sobre los países menos avanzados, en cuanto puede comprometer el poder nacional de decisión, que debe atender a la soberanía y la justicia social”. El tema ocupa a Ferrer también ésta semana, en un discurso. ante el foro de la Cámara de Comercio Norteamericana en la Argentina.

INVESTIGUEMOS, WATSON
Alende recibió una réplica del ex Canciller de Ongania, Costa Méndez, involucrado en sus denuncias: “Ni soy ni fui funcionario o director de Deltec o Swift”, aclaró Costa Méndez. Fue sólo consultado como abogado sobre la estructura accionaria del frigorífico, y ello seis meses después de abandonar la función pública. Entonces —retrucó el denunciante—, el ex Canciller es el más interesado en que funcione una Comisión Investigadora.
El presidente del Swift, en convocatoria de acreedores, teniente coronel Enrique Holmberg, prometía girar los cargos a la Justicia, y nada más.
Por supuesto, Alende no mencionó en vano la posibilidad de ampliar las denuncias contra los monopolios en una Comisión Investigadora; estaba en eso, hasta comienzos de la última semana, y algunos de sus adscriptos políticos esperaba que el Ministerio del Interior diera el ok a la iniciativa.
No lo dio Cordón Aguirre, quizá porque intuyó que la aventura podría terminar eh un escándalo. Pero el hecho es que también otro sector demandaba, la semana pasada, una Investigadora del crimen de Aramburu, “para aventar sospechas y recelos que, fundados o no, agravan y perturban aún más la atmósfera cívica y moral que respira la Nación”. El petitorio —elevado a la Junta de Comandantes— llevó el aval de Alfredo Orgaz, ex presidente de la Corte Suprema.
Cualquier Comisión que se constituya podría parecer una ofensa a la Justicia o reconocer su incompetencia para esclarecer el caso. El Gobierno no puede admitir tales especulaciones.
Sin embargo, los sectores aramburistas creen que será difícil a Lanusse negarse a una pesquisa a fondo del crimen: la prometió a pocos días del secuestro y ahora llegaría concretarse, una vez que el Comandante asuma formalmente, en marzo, la Presidencia de la Junta de las tres Armas, que desde 1971 toca a Ejército.
En relación con estas versiones se habló de un encuentro de Levingston y el ex Vicepresidente Rojas para dialogar en la Casa Rosada, pero el Almirante se halla en Pinamar y nada indicaba un viaje a Buenos Aires.
Otros indicios sugestivos del proceso pasaban casi inadvertidos en la avalancha semanal. Deltec se desprendía de tres filiales (Provita, alimentos balanceados; Argentaría, compañía de inversiones, e Ingenio Esperanza). La textil San Andrés soportaba una ocupación menor en su fábrica de San Martín, y, sobre las huellas de Fíat, la adjudicaba al extremismo.

LA PIEDRA LIBRE
Entre dudas y cabildeos se transitó hasta el miércoles 27; ese día, las usinas de rumores inundaron la calle, mientras algunos cautos periodistas de Casa de Gobierno no se excitaban demasiado. Lanusse veraneaba en Chapadmalal y Gnavi acompañaba al Almirante japonés Uchida a Puerto Belgrano. Sin embargo, se aplazaron dos viajes: del Comandante Rey, a USA, y de Levingston, a San Luis.
Por la noche se habló de un Mensaje del Presidente a Ejército en términos definitorios sobre los nuevos rumbos de la Revolución. Con el trascendido de la reunión con los Comandantes se colmó la ciudad de versiones:
•Radicales y paladinistas se atribuían los favores de una logia innominada de coroneles y mayores.
•Los frondizistas se entusiasmaban con un futuro Premier: Guglialmelli.
•Una corriente liberal ungía Ministro de Economía a García Belsunce (ver pág. 13).
•Los alendistas aseguraban que el ex Gobernador, con su denuncia, quiso revelar “un golpe de Manrique y su tribu”. Entretanto, el benefactor Ministro, más despreocupado que Alende, posaba envuelto en románicas toallas —algo incompatibles con el protocolo— para un publicitado reportaje.
Hasta el jueves 28 flotaba todavía la gran duda: ¿compartió Levingston las ideas de Alende?
Cordón Aguirre estaba en La Rioja; había puesto en posesión del Gobierno provincial a Juan Antonio Bilmezis —ligado a la CGE, como su antecesor, el extinto Iribarren, y confeso antimonopolista— y mientras se repantigaba en una silla un periodista radial avanzó en el diálogo.
PERIODISTA: Creo que Alende señaló que ésas eran sus opiniones, previamente a la reunión con Levingston.
CORDON AGUIRRE: No, discúlpeme. La opinión del doctor Alende fue después de hablar con el Señor Presidente.
P.: ¿Comparte el Presidente lo que dijo Alende?
C. A.: El Presidente es totalmente argentino y su línea de conducta es totalmente en defensa de lo argentino, y creo que ésa es la posición que debemos sustentar todos aquellos que llevamos muy adentro el color azul y blanco. Y el doctor Alende comparte la forma de pensar del Señor Presidente.
Por la noche, en San Luis, el Comandante Rey, que había inaugurado un nuevo Aeropuerto, tuvo que soportar la embestida de preguntas similares. “No tengo elementos de juicio para decir que comparto la denuncia. Por otra parte, la formuló el doctor Alende a título personal”, afirmó Rey, quien añadiría —con inusual extraversión— que las Fuerzas Armadas “están sometidas a distintas influencias que pretenden separarlas y hasta disociarlas, pero en la Fuerza Aérea hay una absoluta cohesión”, además, consideran los aeronáuticos con profunda vocación nacional, que debe respetarse lo que la Junta de Comandantes y ulteriormente el Presidente han prometido al país: es nuestra posición”.
Mientras tanto, el Subsecretario de Asuntos Políticos, Hugo Taboada, tendía su mesa a un grupo de santafecinos: dos ex udelpistas —Luis Amura y Clemente Colello— y el ex UCRP Félix Arrascaeta; estaban de acuerdo con Alende, pero los atraen elecciones prontas. Curiosamente, plantearon que era necesaria la renuncia del Gobernador Sánchez Almeyra, quien homenajeaba luego al Ministro de Bienestar Social. Entre los visitantes se apretujaría, también, el peronista Rocamora.
El viernes 29, por la mañana, Manrique encabezó un discurso con este párrafo: “El país está lleno de rumores y confusiones, pero, con mucho placer, cumpliendo expresas directivas del Presidente de la República, vamos a dar a conocer el plan nacional de viviendas [un millón de unidades en 5 años]”.
No había dudas: hasta el Ministro reconocía la inquietud.
Así, se desembocó en Olivos. La noche del domingo, arrullados por los grillos del jardín, los guardias de la Residencia custodiaban el tenso cenáculo; afuera, la expectativa, multiplicada por cientos de versiones menos románticas, concentraba a los periodistas.
Más lejos, pero no menos atentos,, políticos', gremialistas, militares y funcionarios se entretenían en formular hipótesis que develaran la incógnita.
Se trataba de saber si el humo del cónclave saldría arrojado por las bocas de los cañones o de las pipas de la paz.
2/11/71 • PRIMERA PLANA Nº 418 •

Página 13
FerrerPARITARIAS
EL ZUCUNDUM DE FEBRERO


"No habrá líos; estarán [los gremios] ocupados en discutir los aumentos, pero es posible que se produzcan algunos paros: los absorberemos.” Esa confianza que trasuntaba Nicanor Saleño el miércoles 27, ante PRIMERA PLANA, no es compartida por otros funcionarios del Gobierno, aunque escondan sus dudas.
Los pormenores ásperos que puede deparar la discusión de los convenios colectivos de trabajo a lo largo de 500 Comisiones Paritarias, durante este mes, fueron expuestos el 28 en la Sala de Situación de la Rosada frente a Levingston y el staff económico-social del Gabinete. Es que el alegre pronóstico de Saleño tropezaba la semana pasada con la imprevista amenaza del secretario de la CGT, Rucci, quien desde el Congreso de Metalúrgicos (UOM), en Mendoza, auguraba que “no habrá Paritarias porque no toleraremos el tope para los aumentos de salarios, que es una trampa”. Según Rucci, si se conviniera en las negociaciones un plus del 40 por ciento, esa mejora sería desconocida.
El viernes 29, en reunión de prensa, el Ministro Ferrer anunciaba que se dejaría librada a la libre negociación, entre empresarios y gremialistas, la discusión paritaria; explicaba, también, que el aumento del 6 por ciento desde enero, es sobre la remuneración total del salario y no como se hizo siempre —sobre el básico, lo que equivale a un porcentaje menor—, pues en la mayoría de los casos las bonificaciones por asistencia, producción, eficiencia, se elevan hasta un 50 por ciento. El convenio resultante —debe quedar finiquitado el 31 de marzo y se aplicará desde abril, regirá por un año y si los precios ascienden más allá de lo previsto, en diciembre se hará un reajuste.
En lo que se refiere a topes, Ferrer los negó; se trata, más bien, de pautas. “El Gobierno seguirá atento todo el procesó negociador y después, no debe olvidarse que existe un mecanismo para conjurar reclamos desorbitados.”
La mecánica fue expuesta en la Ley 18888 de fines de diciembre último; allí se explica que el índice por costo de vida no debería exceder —salvo imprevistos— del 10 por ciento en 1971; ese porcentaje, más el 6 de aumento desde enero, constituyen a la postre el techo velado de las Paritarias, que se reglan por la Ley 14250. Con todo, hay un margen de maniobra: es posible exceder el 10 por ciento teniendo en cuenta que está planificada una mayor productividad. Si eso ocurre, porcentajes mayores serían absorbidos por la productividad —no por los precios— que es lo que interesa al Gobierno.
Pero ese esquema, propio de un economista profesional, no compaginaba al terminar la semana con los reclamos de aumento de un centenar de gremios (ferroviarios, albañiles, mercantiles, entre los más fuertes), de un 70 por ciento.
Muchos sindicatos todavía no habían designado delegados ni cumplido los pasos formales antes de sentarse a la mesa de negociaciones; ni siquiera en Trabajo —pese a febriles ajetreos— había suficiente personal: los expertos se improvisarán entre empleados del CONADE que levantaron el censo. A última hora, faltaban locales; hay tres: Moreno al 700, Junín al 1000 y Tucumán y San Martín. En cuanto a los empresarios, no sabían a qué atenerse.
Las apuestas están a favor de que las Paritarias serán accidentadas. Desde 1967, sin embargo, cuando Ongania homologó los convenios y los reemplazó por aumentos decretados, los sindicatos han soñado con volver a mirar de frente a los patronos, mesa por medio, como en la época de Perón, cuando se promulgaba la 14250 (1953). Luego de la pausa del 55 y de un aumento masivo de sueldos y jornales del 60 por ciento, con que estrenó su Gobierno Frondizi, se regresó a las Paritarias (era una de las condiciones del Pacto Perón-Frondizi) y así, hasta que se las congeló en 1967, no hubo mayores problemas. Bajo Ongania se hizo un intento (1969) de volver a las discusiones, pero una montaña de reclamos con porcientos elevados obligó a desistir.
Los dardos no han demorado, esta vez. Un editorial de La Prensa, del 28, alertaba sobre “el interrogante poco tranquilizador. .. un camino sembrado de escollos que tienen toda la apariencia de insalvables, susceptibles, por eso mismo, de convertirse en conflictos”.
El Economic Survey, por su parte, abusaba de la flema: “Ningún petitorio sindical se ajustará a las llamadas pautes de la Ley 18888, formulando demandas de aumentos que ninguna empresa estará en condiciones de otorgar, ni el Gobierno homologará; entonces, no se necesita ser adivino para concluir que prácticamente ningún convenio de los grandes estará acordado en abril”.
Según Survey, “como de aquí a abril las circunstancias de la economía forzarán al Gobierno a tomar medidas vinculadas con el tipo de cambio —medidas que por razones elementales de política no se adoptarán durante las negociaciones colectivas—, no sería extraño que opte por suspender las Paritarias por tiempo indeterminado y decrete un aumento del dieciséis”.
En fin, el 27, un panel de economistas (Álvaro Alsogaray, Horacio A. García Belsunce, Luis García Martínez, Lorenzo J. Sigaut, Armando Rivas) daba un golpe de gracia a todo el contexto. “Nada podrá detener la inflación, que deteriora el proceso económico. Creo que nos encontramos en las condiciones económicas que justificaron el advenimiento de la Revolución Argentina”, pontificó García Belsunce. “Se viene un período de inflación y devaluaciones, y, después, trastornos sociales. ¿Cuándo? No sé, pero pronto”, dijo Alsogaray, con picardía.
Tantos vaticinios sombríos y confusos seguramente decidieron que Levingston convocara en Olivos (28 y 29) a gremialistas que giran en aledaños de la CGT. Les pidió que fueran moderados en los petitorios para no desbaratar un plan económico “bien calibrado”. “Si no hay prudencia, puede suceder lo peor”, advirtió el Presidente.







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