Mágicas Ruinas
crónicas del siglo pasado

Carlos Perette
Perette y el "perettismo"
Vive a toda marcha, como si estuviera corriendo al tiempo. Se acuesta a cualquier hora, por lo general muy tarde, y se levanta a cualquier hora, por lo general muy temprano y tras beber un vaso de leche. Le aguardan diariamente unas 500 comunicaciones telefónicas y su agenda de audiencias registra 8.500 personas que guardan turno (“Y no para pedirme empleo”). Su padre era sastre, su madre modista y el, con su manía vertiginosa de estar en todas partes, es el creador de lo que se llama “perettismo”: el “arte” de imprimir dinamismo a la vida y a los actos de gobierno, a la vez de un raro don de ubicuidad. Y así, entre sus característicos “Sí, m’hijo. Cómo no”, transcurre su larga jornada mientras todos tratan de adivinar si se casará...

perette“¡Que bien habla! No, si el petiso sabe. .
Carlos H. Perette, vicepresidente de la Nación, parece haber logrado la gran coincidencia argentina: nueve de cada diez argentinos opinan lo mismo. Son los seducidos por una voz agradablemente microfónica, generosa, inagotable. Por una sonrisa plena, opulenta. . ., que a veces da la sensación de ser un conocido mecanismo de un viejo oficio. Esa es su imagen epidérmica, popularmente divulgada. La otra, la imagen profunda, sólo pertenece a Carlos H. Perette. Este hombre gesticulante y verborrágico, de nariz recta y grande, de frente amplia y de raleado pelo canoso, nacido en Paraná el 12 de diciembre de 1915, es el creador de una corriente política en la que un dinamismo electrizante es su rasgo excluyentemente singular: el “perettismo”.
Carlos H. Perette no sabe cómo repartir su tiempo. Le falta siempre. Antes de llegar al poder pensó más de una vez que la vorágine del mando lo llevaría a ser un hombre apresuradamente ordenado. Pero entonces estuvo muy lejos de la realidad. Ahora, con 48 años de edad y aún indemne a una decisión sentimental definitiva, desearía alterar la rígida dictadura de los almanaques y de los relojes. Necesitaría horas de 90 minutos, días de 28 horas.
—Ayer me acosté. . . Bueno, era hoy, a las 6 de la mañana. A las 9 ya estaba en pie. Nunca duermo más de 5 horas. Por suerte, en cualquier momento de la tarde recupero una hora.
Su promedio de trabajo es de 18 horas diarias. Tiene 8.500 audiencias solicitadas. “Y conste que ninguna es por pedido de empleo. . . Esto no es una agencia de colocaciones. . . Esos pedidos los atienden mis secretarios".

Preocupación de todos: su soltería
La obstinada soltería de Perette —le adjudican frecuentemente romances absorbentes— preocupa a todos. En los altos círculos oficiales ese celibato alcanza insospechadas derivaciones. Los encargados del protocolo afirmaron que “el vicepresidente perturba el clima de las recepciones oficiales. Irrumpe rápidamente y sube solo las escalinatas del Colón". Asesores psicológicos agregaron que “sólo haciendo vida matrimonial un mandatario puede gravitar con seriedad en la psicología popular".
—Un momento. . . Ahora pregúnteme por qué no me casé. . . Simplemente porque dediqué mi vida al hogar de mis padres y porque ya a los 11 años absorbía la tarea de luchar en la vida... Pienso casarme, pero eso lo decidiré yo. Nadie tiene por qué entrometerse en mi vida íntima, y menos los que usan estos temas para lanzar infundios irresponsables.
El padre de Perette era sastre. Murió de un síncope. Fue cuando “Carlitos” —como sus amigos le dicen— se convirtió en el hombre de la familia. Su madre era modista. Usa el anillo matrimonial de ella en el meñique izquierdo. “De chico recibí de ambos dos grandes lecciones: la del trabajo y la de la honradez. Si yo tuviera que elegir una vida y unos padres, elegiría la misma vida y los mismos padres."
Frecuentemente, escapándose de una tarea abrumadora, de recepciones, de audiencias, de comidas solemnes, formales, Perette se va a la Costanera a comer en los "carritos". No fuma ni bebe. Se cuida en las comidas. Allí despliega una atrayente táctica familiar. Su lenguaje es entonces directo, casi paternal, salpicado de numerosos “m’hijo". No deja de atender a nadie que se le acerca para pedirle algo. “Eso se puede conseguir. Sí, m’hijo. Cómo no." Allí parece disfrutar, junto al río que quizá le recuerde la añorada y serena ribera del Paraná. Come apresuradamente y al rato vuelve a entrar en su agitado mundo.
Al despertarse bebe una jarra de leche. “Tomo dos o tres litros por día, y al mediodía, abundante jugo de naranja y pomelo." En los banquetes nunca come “cosas raras”. Atiende unas quinientas comunicaciones telefónicas diarias, estrecha cientos de manos y abraza a numerosos correligionarios y amigos. Hace un culto de la amistad y no ejerce un severo juicio crítico sobre ninguno de sus más directos allegados. Es considerado el más activo “saludador" del actual elenco gubernativo. Fue cronista de deportes y de teatro y estudiante de Derecho. A los 23 años fue elegido concejal.

Los domingos, a ver a Boca
Carlos H. Perette no oculta su deseo de imprimir un ritmo más dinámico a las funciones vicepresidenciales. Lo conseguirá, sin duda, porque, según un ordenanza del Senado, “tiene una polenta bárbara”. Al asumir el nuevo gobierno pidió contar con un despacho en la Casa Rosada. El presidente Illía se opuso, y entonces Perette se atrincheró en sus dependencias del Senado y constituyó su propio gabinete, que incluye desde asesor cultural hasta asesor jurídico de la vicepresidencia, cargos hasta ese momento inexistentes. Esto motivó que se le acusara de “ambición de. poder". La jornada de Perette termina a las 2 ó 3 de la madrugada. Entonces va a cenar al Tropezón o a una cantina de México y Entre Ríos. Cuando puedo “me escapo al cine, a la función de trasnoche", y los domingos va a ver a Boca, del que “soy un gran hincha”.
—¿Cuál es el mejor jugador de fútbol que vi en mi vida? De los actúa les, Marzolini, Rattin y Artime. . . Y Mario Rodríguez (con él se estrechó en un abrazo, en los vestuarios, cuando Independiente batió a Internazionale por 1 a 0). De los de antes, Tesorieri, Roberto Cherro, Onzari y Minella.

El "perettismo”
A Carlos H. Perette parecería como si se le escapara la vida. La vida le sobra. Lo que le falta es el tiempo. A esta “manía vertiginosa de estar en todas partes” muchos han dado en llamarla “perettismo”. Otros buscan ese nuevo “ismo” en su ubicuidad política. Venido del “unionismo” radical, está ahora en la línea “balbinista”. Su inclusión en la fórmula presidencial de la UCRP trató de ser dificultada aludiendo a “sus contactos con sectores izquierdistas”. Últimamente, en cambio, se le imputa gestar una “integración" con el neoperonismo por conducto del ahora defenestrado miembro del bloque de senadores de esa tendencia y siempre influyente Elías Sapag. Al mismo tiempo no vacila en participar de una comentada comida con figuras civiles y castrenses de neta raíz colorada. En cierto sector de militares retirados y en algunos círculos de su partido que a principios de este año se manifestaban disconformes con la conducción gubernamental se llegó a afirmar que “si fuera necesario” Perette podría dinamizar el “lento accionar del gobierno”. Esto tuvo una notable difusión en las esferas políticas, y cuando Perette reiteró una y otra vez que no se prestaría a crear fisuras en el gobierno, fue evidente la tirantez suscitada entre él e Illía, tirantez que Perette se preocupó luego de suavizar.
Algunos radicales lo califican como “el hombre de reserva". Otros censuran “sus contactos políticos particulares" y su “influencia personal en diarios y otros órganos de opinión”. En los primeros meses de la gestión gubernativa fue el funcionario más hostigado desde la oposición, especialmente desde el sector “frigerista", por su activa resistencia a los contratos petroleros.

Actitud expectante
Ahora Carlos H. Perette ha dejado de ser tema de polémica. El mantiene una situación más expectante. Va y viene. Recuerda siempre a los que son para él los grandes hombres: Alfredo Palacios, Echeverría, Juan XXIII, monseñor De Andrea, el cardenal Caggiano, Kennedy. Sigue recibiendo de regalo enormes cantidades de corbatas, algunas de las cuales le gustan poco o no le gustan. Y, además, con ese ir y venir y no estarse quieto continúa provocando las protestas de Elvira Orosco, su mucama gallega: “Es muy simpático, pero se levanta y se acuesta a cualquier hora" Es difícil que este cincuentón incansable e incasable —por lo menos, por ahora— deje de moverse tanto. Su “perettismo" seguirá. “No puede haber “perettismo" sin Perette." Y mientras muchos asisten asombrados a “ese ritmo de locura", Perette sigue sonriendo y hablando. Creyendo en el matrimonio. —“Creo que es una institución indispensable"—, a pesar de que muchos de sus amigos repitan: “Carlitos ya no se casa..."
Revista Atlántida
11/1964
 

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