Mágicas Ruinas
crónicas del siglo pasado

futbol femenino
FEMINISMO
De Guadalajara a Mataderos

"Tuviste una idea brutal, Bicho. ¡Sos divino! Cuando les cuente a mis amigas, se van a postrar de la envidia", supuso María Laura de las Mercedes Canilla (20) en la tarde del domingo 18 de julio último. Repantigada —junto a su novio— en las tribunas del estadio de Nueva Chicago, la joven se deleitó con las alternativas del match internacional de fútbol femenino: Argentina-México, y donde se impusieron las locales por tres tantos a dos. Su ropa no fue la única que detonó: otras similares mostraron una invasión de elegantes personajes provenientes de zonas completamente opuestas a la de Mataderos.
Si ese sector de público fue en busca de nuevas sensaciones, no se pudo quejar. Apenas apareció —en la cancha— el equipo mexicano, la figura obesa y morena, de su arquera (Yolanda Ramírez) acaparó el comentario de los mordaces al ver a la cilíndrica deportista, quien ataviada con camiseta y pantalones color bermellón daba brincos mientras esperaba la iniciación del encuentro. Apenas se inició, las mexicanas se lanzaron a una decidida ofensiva y su número diez (Patricia Hernández Montoya, Borjita) mostró tanta habilidad y dominio de balón que logró la aprobación unánime. Es que la adolescente (15 años) se mostró superior a un enorme porcentaje de futbolistas masculinos.
Al ver la superioridad azteca, Santiago Harrington Galli (39), el técnico de las argentinas, vociferó estruendosas indicaciones; pero se quedó alelado cuando Blanca Brúcoli (número 11) le contestó: ‘‘Dejame de embromar. Cuando estoy adentro de la cancha no escucho a nadie". Un colaborador de Harrington Galli quiso mostrarse comedido y corrió al lado de la irascible deportista y le gritó: "Hacele caso”. Sus serviciales esfuerzos fueron mal interpretados por el entrenador: “Vos callate la boca. El que dirige soy yo y no soy un monigote”, gritó al borde del soponcio.
Más tranquilas, las suplentes del equipo nativo comentaban las incidencias del juego. Una de ellas, con el número 14 en su espalda —al ver cómo una de las rivales derribaba con un violento zapatazo a Angélica Cardozo— preguntó dulcemente: “¿Viste cómo da esa loca?" Su compañera le respondió: "No te preocupés que ya le van a contestar”. No le faltó razón: abundaron los choques y en dos ocasiones hubo cambios de puñetazos y tiradas de pelo.
En medio de las embestidas, Guillermo Nimo —réferee que ahora se dedica al periodismo deportivo— trató de sobresalir. Para ello cobró repetidos desaciertos, algo que molestó a algunos espectadores, tanto como las poses que ensayó durante la brega: "¡Payaso!” fue el obsequio más suave que le dedicó la tribuna. Aunque el apogeo de su actuación llegó en el segundo tiempo: fue cuando la arquera mexicana atajó un penal que Nimo ordenó repetir. Víctor Manuel Meléndez (25), el director técnica de los visitantes, irrumpió enardecido en el campo de juego y le dedicó alguna injuria. El árbitro acudió a la policía y pidió la detención de Meléndez, quien, indignado, retiró el equipo. Mientras trataban de convencer a las mexicanas para que continuaran el juego, Nimo exclamó: "tal vez en México esas palabras signifiquen otra cosa, pero yo no las tolero".
El público debió, sin embargo, aguantar la prolongada espera luego de haber dejado una taquilla que redondeó los 440 mil pesos viejos. Pero para no aburrirse se ingeniaron en todo tipo de chanzas. Algunas estuvieron dirigidas a José Andrés de la Paz, el kinesiólogo de Nueva Chicago. Conocido con el mote de Mortadela, ofició de masajista de las argentinas y soportó —mientras trataba de prevenir acalambramientos en las extremidades de las jugadoras— algunas sutilezas. Una de ellas se la prodigó un muchachón pelilargo, rara mezcla de hippie y orillero: "Dale, fiambre, no las acariciés tanto”.
PANORAMA, JULIO 27, 1971
 
 

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