Mágicas Ruinas
crónicas del siglo pasado

barbara hutton
Pobre niña rica
La vida de Barbara Hutton: dos veces escándalo

La protagonista nació para el escándalo. El libro nació entre el escándalo. Diciembre de 1983: precedido de abundante y promisoria publicidad, Poor little rich girl (Pobre niña rica) invade las librerías neoyorquinas. Enero de 1984: una piccola razzia saca de circulación los 58.000 ejemplares. Así, La vida y leyenda de Barbara Hutton fue a parar a los sótanos de Random House. Y su autor, C. David Heymann, al banquillo de los acusados. En un mes, no menos de nueve personas citadas en el libro (entre ellas el actor Cary Grant) se permitieron dudar en público de la veracidad del contenido. Ninguno de los amigos sobrevivientes de Babs se acordaba, por otra parte, de la existencia de ciertos documentos sobre los que porfiaba Heymann se había basado. (Diarios íntimos, redactados entre 1928, cuando la excéntrica millonaria americana tenía 16 años y hasta su muerte.) Naturalmente, nadie pudo confirmar otra fuente: las entrevistas que según Heymann mantuvo con la Hutton, entre 1978 y 1979. Más aún: el doctor Edward A. Kantor, de Beverly Hills, otrora médico de Babs, inició juicio por difamación. Lo cierto es que Poor little rich girl —una biografía asombrosamente bien contada, moderada y certeramente ilustrada, con 40 fotografías en blanco y negro, y en la que hasta los chismes sirven para datar y describir épocas— durmió el sueño de los justos hasta
diciembre del '84, cuando Lyle Stuart decide reeditarla y lanzarla nuevamente al mercado. Esta vez Heymann fue, al menos, más cuidadoso: cuando se trata de médicos, opta por emplear seudónimos —así lo explica en notas al pie de página— y a manera de módica indemnización aclara el caso Kantor, una lamentable equivocación en el tiempo del biógrafo aseguraba que Kantor atendía a la Hutton en años en que todavía el vero Kantor aún ni se había recibido. Limpia de culpa y cargo, Poor little rich girl, a razón de 16.95 dólares por ejemplar, sale a la búsqueda de sus lectores.
En Poor little rich girl usted confirmará lo que ya sabe: la chica-“una linda americanita con los pies más pequeños que yo haya visto”, según lejano recuerdo de David Niven —era la heredera de una fortuna espectacular—. Y se enterará de otras: la había amasado el abuelo materno, Frank Winfield Woolworth,a partir de 1879. Comenzó con una redituable tienda de ramos generales (una five and ten), que pronto se convirtió en una monumental cadena con más de 1.000 sucursales en todo el país, y un ingreso anual que, en 1917, superaba los cien millones de dólares. De chica, Barbara era imaginativa y solitaria. Ya adolescente (y casi desde que ingresó en la exclusiva Miss Porter’s School, en Farmington, Connecticut), escribía poemas de rima coja, empezó a frecuentar reuniones y a quebrantar las reglas: una, la prohibición de leer novelas, impuesta en su colegio. Babs creció entre pretendientes, cazafortunas, o gente simplemente alelada ante su magnificencia. Se comprende: su baile de presentación en sociedad —para dar un ejemplo de las tantísimas fiestas que dio— el 21 de diciembre de 1930, en el Ritz neoyorquino, costó 60.000 dólares. Equitativamente distribuidos —entre otros rubros— en cuatro orquestas, 2.000 botellas de champán (¿quién habló de Ley seca?), 20.000 violetas blancas, mil servicios de comida, mil de desayuno y un Papá Noel que era nada menos que Maurice Chevalier.
Conoció al soidisant príncipe Alexis Mdivani en 1926. Se empecinó por él en
1931 —cuando Mdivani estaba casado con Louise Van Alen, y Barbara empezó a seguirlos por Oriente y Occidente—, y se casó con él en 1933. Una boda fastuosa, en la Catedral de San Alejandro Nevsky, en París, acorde con la condición de los Mdivani: rusos, aristócratas y exiliados. Barbara por entonces era decididamente rellenita (fue Mdivani quien la conminó a su primera dieta, costumbre que Babs siguió toda la vida, hasta intoxicarse con anorexígenos). Y si bien la tenue diseñada por Chanel para el civil le quedaba perfecta, el traje de novia hecho por Jean Patou le acentuó todas las redondeces rubensnianas. Tuvieron tantos regalos que en el Ritz habilitaron una bodega entera para acomodarlos, entre ellos una lancha a motor, regalo de su cuñado, que cuatro años después, cuando se divorciaron, quedó para el príncipe, junto con otras pavaditas: caballos de polo, un Rolls Royce, una colección de rubíes y una casa en Venecia. De la honey moon un episodio sugiere la welstanschaung de la pareja: escena en Tokio, en conferencia de prensa: “Me encanta esta ciudad. Siempre admiré el arte y la civilización chinos”. Después de Mdivani vino el conde Heinrich Eberhard Erdman Georg Haugwitz Hardenberg Reventlow (llámelo Count, simplemente). Con él, Barbara tuvo su único hijo, Lance, muerto en accidente en 1972. Y varios disgustos: Count intentó ponerle freno y le pegó no menos de un cachetazo histórico. Nueva separación y nuevo desembolso: un millón y medio de dólares que incluían los gastos para educar a Lance. En 1939 conoció a Cary Grant. Se casó con él en 1942. Se separaron en 1945. Cary fue el único de los siete maridos que no aceptó dote de Babs. Fue el menos salidor (adoraba comer en casa, con los amigos) y también (abunda el libro) el más amarrete. “No nos dejaba tomar refrescos durante las comidas’', transcribe palabras del valet de Grant. Después de Cary, llegó el príncipe Igor Troubetzkoy. con quien se casó en 1947. Para sacárselo de encima, tres años después. Barbara le regaló casa. Rolls Royce y renta mensual de 1.000 dólares. Su quinto marido —el legendario play-boy Porfirio Rubirosa— fue más rápido: en las siete semanas que duró el matrimonio amasó más de tres millones y medio “lo que da una cifra de 66.000 dólares por día", aclara el biógrafo. El marido número seis se llamó Gottfried Von Cramm, era jugador de tenis, y homosexual confeso. En 1957 dos años y dos millones de dólares después, se retiró con honor. Lo reemplazó en 1963 Raymond Doan en quien, para empezar, Babs invirtió 10.000 dólares para comprarle un título nobiliario. En 1971, Doan se fue con una cuenta bancaria de dos millones de dólares. A partir de entonces se suceden los amantes ocasionales —muchachitos que Babs recogía en la costa californiana—. Saturada de alcohol y barbitúricos. Barbara Hutton murió el 11 de mayo de 1979. Tenía 66 años, y en su cuenta bancaria 3.500 dólares.
Vilma Colina
fotos de archivo de Atlántida
Somos 18/1/1985

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